miércoles, 15 de abril de 2009

De cómo y no morir en el momento

Ustedes han sido testigos de que mi estancia en Alemania no ha sido del todo satisfactoria. Les he contado que ellos no cumplieron (y siguen sin cumplir) algunas de las cláusulas más importantes del contrato que firmamos. Les dije que cambié la perspectiva y adapté mis objetivos a la realidad del kinderdorf (al fin y al cabo, siempre soñé con ser invisible alguna vez y, bueno, nunca soñé con cocinar y limpiar para 30 personas pero también ha sido interesante y constructivo). En los ratos libres, jugué con Janet y Katharina.

-Rendirse. Abandonar. Joder, qué feo está eso de dejar las cosas a medias, ¿no?

-Ea, pues si quieres nos quedamos. La alternativa a “abandonar” el kinderdorf es “aguantar” en el kinderdorf.

-Mujer, no digas eso: ¡“aguantar”, vive Dios! Podemos seguir intentándolo, ¿no? Además, bien pensado, hasta hace cosa de una pausa la cosa no nos iba tan mal. ¿Qué nos ha pasado, Nata?

-Hay un límite y sobrepasarlo puede desencadenar más de una tragedia. Ya lo dijimos alguna vez.

-Pero nosotras no hemos llegado a ese límite, ¿verdad?

-Por supuesto que no hemos llegado. Por eso nos vamos, para no acercarnos más.

-Oye, en ese caso lo de abandonar no está tan feo, ¿no?

-Pues no, supongo que no está del todo mal. Hay que quererse y cuidarse, siempre lo hemos dicho.

-Claro, joder. ¡Solucionado!

-¿Y qué hacemos con Janet y Katharina?

-Ay, nena, esto iba a suceder tarde o temprano y ellas lo sabían desde el principio.

-Ya, pero me da penica.

-Ya, es normal.

Pues sí, caracoles. Hasta aquí llegó mi Servicio de Voluntariado Europeo, la labor en el kinderdorf, los experimentos con la comunicación, los viajecicos en el mitfahrgelegenheit (si viajan por Alemania, no duden en utilizarlo), las quedadas de voluntarios y la convivencia más complicada y al mismo tiempo enriquecedora (para bien) que he tenido hasta la fecha: una musulmana, una católica, un gay y un caracol. Menuda mezcla.

¿Cómo abandonar algo y seguir siendo un caracol? Con lo feo que está eso de dejar las cosas a medias... Pues muy fácil, caracoles, cuestión de perspectiva. No sé cómo se las apañarán ustedes para conseguir abandonar manteniendo la cabeza ni más ni menos alta que antes: abandonar manteniendo la cabeza en armonía. En lo que a mí respecta, les cuento que, una vez más, me aferro a las determinaciones claras pero imprecisas (imprecisas pero claras) y me convenzo de que mi vuelta a España no es evaluable en términos de abandono o cobardía o quizá si lo sea pero, ya saben: cuestión de perspectiva.

El caso es que yo estoy convencida de que me voy para quitar lo que no me benefecia, lo que me perjudica. Me voy porque me quiero bien. Sin caprichos y sin demasiadas contemplaciones: me voy porque me cuido y porque me encanta cuidarme.


No obstante, he de confesarles que necesité de un empujón externo en forma de cita obligada en Toledo el 29 de abril para dar el salto final y decirle a Janet que lo siento de veras; aunque no es menos cierto que, en cualquier caso, abandono manteniendo la cabeza en armonía y felicitándome por no haber llegado a atravesar ese límite que podría haber desencadenado más de una tragedia.

Y si ahora se me saltan unas lágrimas es porque me sobran los motivos para irme pero también, por supuesto, para quedarme y es que hay que ver cómo araña esa certeza de saber que uno no siempre puede conseguir todo lo que quiere.

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4 comentarios:

Anónimo dijo...

es tan dificil saber qué necesita uno para estar bien... que si tú lo sabes, sea lo q sea.. olé por ti, chata.


bienvenida a la Mancha.

P.D. Enhorabuena por tu casi-ya-definitivo plan para los próx meses :-)

Laurita

agnóstico apático dijo...

Aunque te imagino triste no hay nada mejor a la hora de irse que hacerlo con la cabeza a alta y la conciencia tranquila. Creo que has demostrado que tú has puesto de tu parte y otr@s no. Te esperamos. Gute Reise.

Sonia dijo...

Escuchando el vídeo que has puesto -que inspira un digno y emocionado balance- me acuerdo de cuando te despedí en Socuéllamos. Si pienso (para ti) lo que en esos momentos quería ser Alemania (en ti) en tu vida, sólo me queda decirte que lo has conseguido. Antes de subir al autobús el espantapájaros empezó a ser nuestro. Pues eso: "Sí a todo lo que hace bien al corazón".

P.S. Escucharte quererte sigue agallinando pieles.

Anónimo dijo...

Jo, muchas gracias, chicos.

Por problemas logísticos (o sencillamente por ineptitud) no he podido comentar en los comentarios :)

Nata