lunes, 1 de febrero de 2010
El folio en blanco
Luego, ejemplos y más ejemplos que constatan la importancia de saber quién cuenta qué a la hora de escribir. Porque si la focalización del narrador de La señora Dalloway hubiese sido externa, no habría lector que no sintiese repulsión hacia semejante personaje frívolo, caprichoso y estúpido.
Sin embargo, sucede que el foco está dentro de la cabecita de esa dama de la alta sociedad inglesa. Por eso empatizamos con ella y con sus insulsas inquietudes. Porque el tal narrador reproduce no sólo sus pensamientos, reproduce el lenguaje de su mente con todas las incoherencias, contradicciones y vaivenes que ello supone y con todo lo demás. Y eso es tan alegre, tan bonito, tan triste, tan constructivo y destructivo al mismo tiempo, tan real –eso es tan real- que conmueve hasta al más desalmado de los individuos.
También les hablo de la precisión lingüística y del peligro que entrañan las comas. Yo, que tantos crímenes cometo con las pobres comas.
Además -les digo- queda terminantemente prohibido omitir en nuestros textos los datos necesarios para ubicar o desubicar al lector en su justa medida.
Y al final siempre volvemos a las claves para combatir el bloqueo literario, caracoles.
martes, 15 de diciembre de 2009
Escritura creativa
El artista nace y también se hace. Aunque la técnica y la disciplina juegan un papel importante en todo lo que concierne a la creatividad, lo cierto es que la inspiración y demás bobadas son también decisivas a la hora de crear algo que tenga por finalidad última hacer “chack” en el receptor de esa cosa que llaman arte. Y no es menos cierto que, dentro de la inspiración y demás bobadas, la inestabilidad emocional en alguna de sus variantes es un indiscutible punto a favor del “chack”.
Nada me gustaría más que poder rebatir el tópico que une a la tristeza y a la soledad (soledad de la mala, se entiende) con la creatividad, pero sería muy hipócrita por mi parte hacerlo, caracoles.
Eso sí, vaya por delante que, por mucho que la infelicidad tienda a despertar la sensibilidad que habita en el interior del individuo, cada cual canaliza esa pulsión a su manera. Por eso no todos los infelices son artistas ni necesariamente la infelicidad genera obras basadas en la propia infelicidad. Menudo coñazo si así fuera, ¿no creen?
Y después de esta disertación que seguro cambiará radicalmente sus vidas, les cuento en relación a la otra cara de la moneda, la de la técnica y la disciplina, que en la librería “Un cuarto propio” se ha abierto el plazo de inscripción para un taller sobre escritura creativa.
A pesar de que tanto el material del curso como los ejercicios a desarrollar han sido en su mayoría elaborados y/o propuestos por Cristina Serrano, el alma de Un cuarto propio, será una servidora la que se encargue humilde e ilusionadamente de transmitirle los contenidos a todo el que se apunte. (Info).
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¿Que por qué el curso dura poco más de un mes y no tres como se dijo al principio? ¡Porque me voy a China, caracoles! Ala, ya lo he dicho.
jueves, 17 de septiembre de 2009
Uh, vaya lío. Las razones de la razón son mis amigos.
Mi relación con la poesía no es nada cordial. Creo que, exceptuando a Roger Wolfe, tiendo a hojear antologías y poemarios con cierta distancia y soberbia. Pero a veces me dejo tocar, claro. Lo que pasa es que yo no sé asimilar de manera aislada y me cuesta horrores enfrentarme a formatos tan artificiales como el del verso, por eso me gusta mucho más lo poético de las cosas que la poesía propiamente dicha.
Entonces, ¿por qué carajo esos versos que les citaba al principio me sobrevienen con cierta frecuencia? Puestos a elegir y sin ánimo de ofender a Paul Verlaine, preferiría recordar otros poemas mucho más sublimes a mi juicio que “Llora en la ciudad”. En fin, no sé, la razón tiene razones que el corazón desconoce (¿o era al revés?), el caso es que, sin yo saber muy bien por qué, mi cabecita me recuerda de vez en cuando que “llora en mi corazón como llueve en la ciudad” sin que mi corazón se manifieste al respecto. Todo un misterio, ¿no les parece?
-Joder, qué asco de lluvia. Nos vamos a mojar bien mojados.
-“Llora en mi corazón como llueve en la ciudad”, ¿conoces ese poema?
-¿Qué me estás contando, Nata? Anda, vamos a comprar atún.
-“Como llueve en la ciudad”
-¿A Día o a Mercadona?
-“Llueve en la ciudad” -la depuración poética era esto, por fin lo entiendo-. A Día, por supuesto.
martes, 28 de abril de 2009
Los asoleados
No obstante, aunque es menos glamuroso, suele pasar que la persona apasionada en cuestión no sólo enriquece nuestro espíritu: la persona apasionada puede arreglarle un ordenador a un caracol en cuatro ratos libres y no cobrarle ni un duro porque eso que él ha hecho sólo es un hobbie para él, una pasión. Larga vida a Lozano, sí señor.
Y su pasión me ha devuelto la mía, caracoles: escribir en un teclado con un café a la izquierda, un cenicero a la derecha y Amparanoia de fondo. ¿Me he dejado algún topicazo más por ahí?
Ahora me siento en deuda con la pasión en general y con Lozano en particular. Y es que, después de mucho pensar, acabé aceptando las limitaciones de mi imaginación y las lagunas en cuestiones de tecnología, y le compré a Lozano una tarrina de DVDs y un cartón de tabaco. Yo quería hacerle un buen regalo, un regalo que transmitiese mi infinito agradecimiento pero apenas pude consolarme con haber registrado su marca de cigarrillos. Podría haberle comprado veinte paquetes de Marlboro pero Lozano fuma Winston. Acerté, no está mal del todo, ¿no les parece?
Eso sí, en cuanto a la primera deuda que les decía, la de la pasión en general, espero resarcirme dentro de un par de líneas o, mejor, dentro de una:
Los asoleados. De principio a fin, éste es el libro que me hubiese gustado escribir a mí, caracoles. Puede tratarse tanto de un libro de relatos como de una novela corta, y no es que Joël Egloff se ponga a jugar con un sinfín de técnicas narrativas para dejar constancia de su arte. Bueno, sí lo hace, pero apenas se nota y eso es lo mejor de todo. Ay caracoles, es que está tan bien escrito que yo no sé…
Es un libro divertido y amargo a partes iguales que, de la manera más tonta, consigue arrancar profundas reflexiones. Un libro de personajes raros –excéntricos si me apuran- y, sin embargo, tan reales como frecuentes en la vida misma. Todos ellos están marcados de alguna manera por la llegada inminente de un eclipse total. Ése es el nexo común a todos los cuentecitos: el eclipse. En cualquier caso, léanlo y verán como ése no es el único punto de conexión entre los textos que conforman esta novela corta o libro de relatos.
Dicho esto me despido ampliando la ovación: Larga vida a Lozano, a Otto y al periodismo, a Sonia y al teatro, a mi hermana y a Edurne (qué ganas tengo de conocerla, caracoles), a Los asoleados. Larga vida a las pasiones que hacen bien al corazón.
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¡Muchas gracias, Laurita!
jueves, 12 de febrero de 2009
El jardín de los senderos que se bifurcan
Más de una vez y de dos he sentido la tentación de copiar una conversación de Messenger y pegarla aquí, en Un mundo mejor para los caracoles. Es lo que tiene chatear con Otto y con Sonia principalmente (no se me vayan a enfadar los demás, que estos dos son especiales). El caso es que hoy, Otto, que como guionista tampoco tendría precio, se ha hecho pasar por el típico editor sin corazón que “incita” a escribir a la escritora frustrada y en un periquete ha montado un diálogo que quedaría que ni pintao en una peli neorrealista.
Yo era la escritora frustrada porque, desde ayer y hasta este momento, vivía en un quiero caracolear y no puedo un tanto agobiante. El problema radicaba en que, en un alarde ¿impropio? de narcisismo, quería contarles que ayer hice una más que aceptable paella para 30 personas y no encontraba el post adecuado para hacerlo. Y ahora que ya me he quitado el hipo analizo esa cierta necesidad de bloguear que tenía. Esa necesidad que no ha llegado a interrumpir del todo mi día a día ni me ha alterado los humores pero, al fin y al cabo, una necesidad de la que “necesitaba” resarcirme.
Y aquí estoy, caracoles, metacaracoleando en la medida de lo posible. Como ya les escribí mi carta de presentación la semana pasada (aquella declaración de inutilidad en lo que a nuevas tecnologías se refiere tenía cierta razón de ser, amigos) espero en lo sucesivo no tener que recurrir a coletillas como la anterior: “en la medida de lo posible”. Quiero decir que ya les he confesado que ni sofware, ni aplicaciones, ni sindicadores de contenidos ni nada que se le parezca, ya les he confesado que, muy a mi pesar, me manejo a tontas y a ciegas por la red. Advertidos quedan.
Y ahora, oh, le lanzo una pregunta al viento con la esperanza de que él me dé la respuesta: ¿qué finalidad perseguimos los mindundis con nuestros blogs de tres al cuarto o de dos al medio? No me malinterpreten, que yo estoy muy contenta y muy feliz con mis caracoles, con mi petit comité y conmigo pero no por ello voy a dejar de preguntarme por las razones aparentemente insondables que me llevan a dedicarle, con todo el placer del mundo, tanto tiempo come le dedico a este blog, ¿cómo lo ven ustedes?
Vaya, parece que el viento me acaba de contestar. Dice que no soy la única que invierte una buena parte de su día a día en la blogosfera. Espero que poco a poco me vaya trayendo una información más interesante, porque eso ya lo sabía yo. En cualquier caso: gracias, viento.
Efectivamente, caracoles, somos muchos en este mundo y somos muchos para todo. Nos centraremos en las artes por acotar un poco el tema y entonces diremos que dicen que hay mucho talento por la red repartido y, a poco que uno eche un vistazo, corroborará que lo que dicen es verdad: hay mucho talento por la red repartido. Qué de fotos, qué de vídeos, qué de myspaces, qué de reflexiones, relatos, microrrelatos y vidas literaturizadas. Cuántas ideas buenas tiene la gente, es asombroso y, como no podía ser de otra manera, cuánta mierdecilla hay por aquí también. No vamos a ser todos rubios, oigan.
También dicen que hay más creadores que "consumidores". Yo a este respecto sólo puedo decir que desde que Un mundo mejor para los caracoles empezó a coger forma, devoro muchos menos blogs personales y ajenos (los temáticos son otra historia, ¿no?). Los sigo devorando, claro, pero lo hago con mucha menos frecuencia y con mucha menos intensidad. Ais.
Díganme, caracoles creadores, ¿qué fines persiguen con sus páginas personales?
En el próximo capítulo de “metacaracoleando ando” intentaremos despejar esa cuestión: ¡Compartan sus consideraciones!
martes, 3 de febrero de 2009
Donde habita el olvido
He leído más de 30 artículos sobre wikis (bueno, quizá alguno menos) porque me maravilla la idea de la escritura colectiva. He intentado instalarme sin éxito alguno un software libre y lo he intentado también sin llegar a entender del todo qué es el software; por supuesto, también he hecho lo imposible (bueno, quizá no tanto) por documentarme en estos temas, no obstante y a pesar de mi empeño, no he pasado del deleite en la contemplación de una idea que tiene muy buena pinta pero a la que, desafortunadamente, tengo el acceso autolimitado.
Estoy segura de que no soy el único usuario que quiere ser un internauta guay y no encuentra la manera. Cuando mucho, he sabido llegar a las fuentes de información pero, ay, descifrarlas es otra historia. Es de agradecer que haya tanta gente con tan buen rollo dentro del cuerpo como para detener el ritmo de su rutina y su aprendizaje en explicarnos cómo funciona el tema a los que vamos más retrasados. Y yo lo agradezco enormemente, sin embargo, no puedo resistirme a decirle a ese buenrollista “si nos lo explicas, nos lo explicas de todas todas”. Quiero decir que para los alumnos más desaventajados, que somos muchos, todo tutorial (de lo que sea) ha de empezar por lo más básico:
A ver, tú enciendes el ordenador y entonces te vas a…
He de reconocer que las entradas de la wikipedia sobre estos asuntos suelen comenzar con unos parrafitos, no diré para tontos, sino más bien para los más ignorantes en estos fenónomenos paranormales y que vienen muy bien. Aunque no en todos los casos, claro. Yo leo la entrada de software y, en líneas generales, lo entiendo casi todo pero me pongo con la de wiki y a mitad de la página se me ha caído un ojo al suelo.
¿Estoy haciendo alarde de mi ignorancia, caracoles? No, eso se lo dejamos a Javier Marías. ¿Pretendo erigirme como representante de los burros que se mueven por internet gracias al “voy a tener suerte” de google? Tampoco es esa mi intención. ¿Quizá esté echándole la bronca a todos esos hippies del ratón que no llegan a ponerse del todo en nuestra piel? Nada más lejos de mi intención. Es de bien nacida ser agradecida y cada palo debe aguantar su vela. Eso sí, he de decir que a veces no hay quien os entienda.
¿Qué pretendo con este post? No lo sé, lo único que tengo claro es que yo quiero ser lista en ¿nuevas tecnologías? y por más que lo intento (bueno, quizá no lo intento tanto), no entiendo nada. ¿Escribo para que me solucionen ustedes el problema? Pues no exactamente pero, oye, si alguien quiere acercarse a Barntrup a explicarme (con pizarrita en mano) cómo puedo hacer un wiki de esos, yo le invito a merendar y quedamos en nuestra paz.
A título de caracol, supongo que mi intención más profunda es solidarizarme con todos aquellos que en más de una ocasión golpean el escritorio porque quieren currarse su propia y gratuita web y no pueden porque no saben por dónde empezar la empresa y porque no tienen la más mínima habilidad y/o intuición para estos asuntos. A todos los que lloran en las esquinas de su habitación, patalean y se tiran del pelo mientras le gritan al ambiente cargado de su trinchera: ¿Por qué ellos saben y yo no? A todos ellos quiero decirles: amigos, no estáis solos. Yo estoy con vosotros.
Y quisiera que nuestra voz fuera tan fuerte que a veces retumbaran las montañas.
martes, 27 de enero de 2009
Manual de literatura para caníbales y/o caracoles

Quizá algunos de ustedes no lo sepan, pero aquí la menda tiene un título en el que, sin (mucha) trampa ni photoshop, puede leerse “licenciada en Filología Hispánica” y no necesariamente por tener ese papelito es que tenga que caracolear el mundillo de las letras, se trata más bien de que, gracias al tiempo y la distancia, he logrado desentenderme de todo lo que la insitución universitaria representa para mí y quedarme con lo que sirve, con lo que me hace bien. Porque también se aprende algo en las aulas, oigan.
Sería muy cínico (y por ende injusto) por mi parte sentenciar que mi paso por la universidad no me ha reportado nada bueno. Sencillamente, no sería cierto. Pude escoger otros caminos, por supuesto, no obstante, tengo algo así como la certeza de que no me fui por el más malo: he perdido el tiempo en cosas mucho peores, caracoles.
Con gran acierto decía un profesor mío (el mismo que ayer mandaba a tomar por culo al culo, que para eso es culo) que la universidad estaba concebida para entretener a un buen número de la población con el agravante de las cuatro o cinco capas de maquillaje que luce tal institución. Eso decía él y, ahora, una vez descargado en líneas muy generales el profundo rechazo que siento hacia la parafernalia, la titulitis y a todo lo demás, me dispongo a entrar en materia, caracoles. ¿Entrar en materia? No, no se alarmen; ya saben que yo siempre vengo en son de paz.
Todo esto viene a cuento de que el otro día estuve haciendo una panorámica de este nuestro blog y me dejó un poco consternada la constatación de que muy poco se ha hablado por aquí de literatura y, bueno, no es que haya sido una ausencia imperdonable, más bien se trata de una ausencia que no se ha hecho notar hasta la fecha. La fecha en la que me apetece caracolear el mundillo de las letras, por decirlo de alguna manera.
Manual de literatura para caníbales, cosa fina, caracoles. Si quieren entrar en el entramado literario y/o cultural de nuestra España y no saben cómo, empiecen leyendo el último capítulo y después el penúltimo y luego antepenúltimo y así hasta llegar el primero. Con la retrsopectiva quizá se pierdan un poco en el marco del libro, pero eso lo solucionamos en un periquete: Han de saber que el hilo narrativo lo forman la saga de los Belinchonesm cuyos miembros han llegado siempre con un período de retraso a la generación literaria de turno (Alfonso Belinchón, por ejemplo, escribe novela romántica en pleno boom del realismo; poco menos que una aberración, vaya). Detengan su lectura de vez en cuando para consultar alguna información verídica sobre autores y obras y detecten así la ironía de Rafael Reig, el autor.
Si saben un poco por dónde van los tiros, ordenen el libro a su antojo y empiecen por el período literario que le apetezca: ¡Hagan su Rayuela! Si el autor hace sus Cien años de soledad con los Belinchones, nosotros los lectores no vamos a ser menos. No se olviden de anotar todas aquellos datos que les parezcan sospechosos y consideren la posibilidad de cierto ensañamiento por parte del autor. Camilo José Cela, un, dos, tres, responda otra vez.
Y si están puestos hasta las trancas de los dos últimos siglos de la literatura española, con cotilleos incluidos, preparen su media sonrisa y disfruten. No se agobien cuando sienta que la trivialidad y el chascarrillo hacen detener el ritmo de su lectura, Reig enseguida vuelve a la acción. Son trescientas páginas de manual y, claro, a veces se le va la mano; pero eso nos puede pasar a todos, ¿no? Como les digo, el autor vuelve enseguida al relato impoluto y afilado a base de humor, como a mí me gusta.
Y ésta, de regalo para todos: En Manual de literatura para caníbales se llega a vaticinar el futuro de la literatura, a la manera disparatada de Reig, por supuesto, y la predicción, caracoles, no tiene desperdicio.
Yo no voy a hacer vaticinios porque no soy Rafael Reig pero sí me voy a atrever a hacer un estado de la cuestión sobre la situación actual de las letras a lo caracol, ¿qué les parece? Y de esta manera, abrimos una nueva sección, caracoles: Metacaracoleando ando
¡Buenos días!

