Queridos caracoles, tengo el placer de anunciarles que a partir de ahora nos veremos en www.unmundomejorparaloscaracoles.com
El blog aún sigue bajo un alojamiento que no le pertenece -ahora somos de wordpress, ea-, pero créanme cuando les digo que algún día este caracol (ejem) aprenderá (ejem) lenguaje HTML y dejará de caracolear a expensas de plantillas horrorosas con fuentes poco agradables a la vista y colores pastel. Y, cuando ese día llegue, Wordpress se arrepentirá de haber abusado del azul, ya lo verán.
Dicho esto:
¡Hágase www.unmundomejorparaloscaracoles.com!
--
Este cambio no hubiese sido posible sin Agnóstico apático, Otto y la relación entre Google y China. ¡Mil gracias a los cuatro!
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martes, 9 de febrero de 2010
domingo, 7 de febrero de 2010
Rhythm & Soul
No imprimir el ritmo adecuado a una narración puede echar por tierra un buen texto, caracoles. Ése ha sido el tema principal de la sesión de Escritura Creativa de esta semana. Frasecitas cortas para crear una sensación de inmediatez o para relatar acciones y movimientos y, por otro lado, concatenación de subordinadas con cláusulas infinitas en las descripciones, reflexiones y piruetas varias.
Dos cosas me maravillan de la teoría de la literatura, queridos amigos. La primera es su reversibilidad: Conviene no olvidar que el contexto marca el ritmo y, a su vez, el ritmo puede marcar el contexto (¡Tres hurras por los “viceversa”!). La segunda es que gran parte de esa teoría es extrapolable a otros ámbitos.
La probabilidad de que el contexto y el ritmo se le vayan a una de las manos en los momentos previos a un cambio radical de vida es bastante elevada. Los elementos que conforman el trastorno bipolar que, en mayor o menor grado, todos “padecemos” se trastornan con mucha más virulencia y, cuando quieres darte cuenta, estás bailando una bulería como si de un fandango se tratase -y viceversa, ya saben- con el añadido de que, para más inri, estás en medio de la pista.
Lo peor de todo no es que se tambaleen, lo peor es que tanto el contexto como el ritmo desaparezcan. ¿Han tenido esa sensación alguna vez, caracoles? A escasas dos semanas de un cambio radical de vida la sensación de vacío es dolorosa, indescriptible e infundada. Sobre todo dolorosa. Sobre nada fundada. Indescriptible, eso es.
Rhythm & Soul. Ritmo y alma.
Imprimir el ritmo adecuado a un período de transición es realmente complicado. Una sabe que las frasecitas cortas le permitirían salir ilesa de la situación y, por otro lado, la concatenación de subordinadas la conducirán a la meta realidad de las cosas. Y viceversa, claro. Pero la sensación de vacío dificultará la posible elección de cualquiera de las dos vías. Es entonces cuando el ritmo y el contexto desaparecen y cortarte el pelo no sirve para nada.
Dos cosas me maravillan de la teoría de la literatura, queridos amigos. La primera es su reversibilidad: Conviene no olvidar que el contexto marca el ritmo y, a su vez, el ritmo puede marcar el contexto (¡Tres hurras por los “viceversa”!). La segunda es que gran parte de esa teoría es extrapolable a otros ámbitos.
La probabilidad de que el contexto y el ritmo se le vayan a una de las manos en los momentos previos a un cambio radical de vida es bastante elevada. Los elementos que conforman el trastorno bipolar que, en mayor o menor grado, todos “padecemos” se trastornan con mucha más virulencia y, cuando quieres darte cuenta, estás bailando una bulería como si de un fandango se tratase -y viceversa, ya saben- con el añadido de que, para más inri, estás en medio de la pista.
Lo peor de todo no es que se tambaleen, lo peor es que tanto el contexto como el ritmo desaparezcan. ¿Han tenido esa sensación alguna vez, caracoles? A escasas dos semanas de un cambio radical de vida la sensación de vacío es dolorosa, indescriptible e infundada. Sobre todo dolorosa. Sobre nada fundada. Indescriptible, eso es.
Rhythm & Soul. Ritmo y alma.
Imprimir el ritmo adecuado a un período de transición es realmente complicado. Una sabe que las frasecitas cortas le permitirían salir ilesa de la situación y, por otro lado, la concatenación de subordinadas la conducirán a la meta realidad de las cosas. Y viceversa, claro. Pero la sensación de vacío dificultará la posible elección de cualquiera de las dos vías. Es entonces cuando el ritmo y el contexto desaparecen y cortarte el pelo no sirve para nada.
martes, 2 de febrero de 2010
Un país como todos

No se flagelen todavía, caracoles. Si ayer no acudieron a la presentación del documental “Un país como todos”, aquí tienen el vídeo libre de descarga. Sepan, eso sí, que se perdieron unas cuantas risas compartidas. Risas tontas ante la confusión de un Da li, que dice “Salamanca” donde quiere decir “flamenco” y risas hachazo ante una Luize que enuncia las tres principales acciones del español, el triatlón español: comer, beber y follar. Por ejemplo.
Se perdieron la imagen de un buen puñado de cabezas asintiendo al escuchar la indignación de José ante un supuesto primer mundo que le dice a su abuelo “eres pobre, que lo sepas”. A su abuelo, que no sabe qué es una hipoteca y vive alegremente de lo que le da la tierra del pueblecito guatemalteco en el que vive. Los resoplidos ante una España llena de cáscaras de pipa y papeles en el suelo, eso también se lo perdieron.
A excepción de estos pequeños detalles, del coloquio que siguió a la proyección y de las cañitas en Bar Mariano, todo lo demás lo encontrarán en ese vídeo. No se flagelen, insisto.
"Dadas las amistades que la encrucijada ciudadrealeña nos ofrecía, decidimos elaborar este documental en el que quedaran registradas algunas de las diferentes visiones que de nuestra realidad percibían quienes nos rodeaban a diario: amigos de China, del Kurdistán, de Colombia, Suecia, Alemania, Portugal, Letonia y Guatemala. Miradas diferentes sobre una misma realidad que cuestionan lo que creemos que somos", dicen Alfonso y Manu.
Ahí, unos amigos. Eso es “Un país como todos”, una recopilación de testimonios y opiniones de gente que se ha encontrado en un cruce de caminos y que quizá gracias a ese encuentro ha sentido menos la parte “encrucijada” que supone emigrar a España, un país como todos. O no.
Juzguen ustedes.
lunes, 1 de febrero de 2010
El folio en blanco
Ofrecer claves para combatir el bloqueo literario y corregir los textos de los alumnos. Sin duda alguna, eso es lo que peor llevo del taller de Escritura creativa, caracoles. Les hablo de la importancia de encontrar el espacio y el momento para escribir. Busca tu cueva, escritor. Busca. Les digo que en el exterior encontrarán el tema y en el interior la manera y viceversa. Literaturízalo. Literaturízate. Y viceversa.
Luego, ejemplos y más ejemplos que constatan la importancia de saber quién cuenta qué a la hora de escribir. Porque si la focalización del narrador de La señora Dalloway hubiese sido externa, no habría lector que no sintiese repulsión hacia semejante personaje frívolo, caprichoso y estúpido.
Sin embargo, sucede que el foco está dentro de la cabecita de esa dama de la alta sociedad inglesa. Por eso empatizamos con ella y con sus insulsas inquietudes. Porque el tal narrador reproduce no sólo sus pensamientos, reproduce el lenguaje de su mente con todas las incoherencias, contradicciones y vaivenes que ello supone y con todo lo demás. Y eso es tan alegre, tan bonito, tan triste, tan constructivo y destructivo al mismo tiempo, tan real –eso es tan real- que conmueve hasta al más desalmado de los individuos.
También les hablo de la precisión lingüística y del peligro que entrañan las comas. Yo, que tantos crímenes cometo con las pobres comas.
Además -les digo- queda terminantemente prohibido omitir en nuestros textos los datos necesarios para ubicar o desubicar al lector en su justa medida.
Y al final siempre volvemos a las claves para combatir el bloqueo literario, caracoles.
Luego, ejemplos y más ejemplos que constatan la importancia de saber quién cuenta qué a la hora de escribir. Porque si la focalización del narrador de La señora Dalloway hubiese sido externa, no habría lector que no sintiese repulsión hacia semejante personaje frívolo, caprichoso y estúpido.
Sin embargo, sucede que el foco está dentro de la cabecita de esa dama de la alta sociedad inglesa. Por eso empatizamos con ella y con sus insulsas inquietudes. Porque el tal narrador reproduce no sólo sus pensamientos, reproduce el lenguaje de su mente con todas las incoherencias, contradicciones y vaivenes que ello supone y con todo lo demás. Y eso es tan alegre, tan bonito, tan triste, tan constructivo y destructivo al mismo tiempo, tan real –eso es tan real- que conmueve hasta al más desalmado de los individuos.
También les hablo de la precisión lingüística y del peligro que entrañan las comas. Yo, que tantos crímenes cometo con las pobres comas.
Además -les digo- queda terminantemente prohibido omitir en nuestros textos los datos necesarios para ubicar o desubicar al lector en su justa medida.
Y al final siempre volvemos a las claves para combatir el bloqueo literario, caracoles.
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lunes, 25 de enero de 2010
Las cacas de perro y mis zapatillas
Vengo de la Policía Local, caracoles. Ayer llegó a mis oídos la noticia de que tanto el cuerpo de seguridad como el colegio de veterinarios de Ciudad Real andan como locos buscando una respuesta que explique la repentina mutación de las cacas de perro, pues, sucede que el 85 % de las boñigas halladas en las calles de nuestra amable ciudad durante estas últimas semanas presentan unas marcas idénticas cuyo origen se desconocía hasta que yo, superponiendo la conciencia ciudadana a mi reputación una vez más, me he dirigido a la policía y he dicho:
-Seños agentes, detengan la investigación: ni extraterrestres ni virus “caca perruna”, las marcas de las boñigas pertenecen a mi zapatilla derecha.
Efectivamente, caracoles, de un tiempo a esta parte no hago otra cosa que pisar mierdas con el pie derecho. Para no morir de rabia e indignación, las primeras veces jugué a creer que una tonelada de suerte entraría en mi vida. Qué bien, seguro que a partir de ahora empiezo a hablar inglés en condiciones, pensaba -yo pensaba- mientras limpiaba mi zapatilla con el bordillo.
Pero la esperanza también se pierde, sobre todo si, lejos de incalculables fortunas, lo más que me he encontrado estos días han sido problemas para tramitar mi visado a China, por ejemplo. Entonces me pregunto qué hacer para encontrar algo positivo a lo que aferrarme en el episodio “las cacas de perro y mis zapatillas”. Porque pisar boñigas es algo que ya forma parte de mi día a día y prestar atención al andar no es terapia suficiente, caracoles.
Cuestiónalo todo, Natalia, me decía mi última psiquiatra una y otra vez. Cuestiónalo. Y ha sido así, cuestionando, cómo he llegado a la conclusión de que he de moderar mis razonamientos más irracionales: A partir de ahora topar con un semáforo en verde no tendrá más trascendencia en mi vida que la de un suceso que me ha permitido llegar aún más puntual a las citas, ya nunca más será la señal de que algo bueno está por suceder. No volveré a decir “eres demasiado aries para mí, lo siento” o “qué bueno que seas libra, éste es el comienzo de una gran amistad”. La próxima vez que pise una caca de perro me limitaré a maldecir a su dueño, lo prometo.
¿Que por qué “moderar” esta querencia en vez de erradicarla? Porque, bien pensado y bien sentido, la lógica irracional tiene un punto semi estúpido que me encanta.
¿Sabían que en los edificios chinos no existe la planta cuarta porque el cuatro es el número de la mala suerte frente al ocho, que es el buen rollo numeralizado?
-Seños agentes, detengan la investigación: ni extraterrestres ni virus “caca perruna”, las marcas de las boñigas pertenecen a mi zapatilla derecha.
Efectivamente, caracoles, de un tiempo a esta parte no hago otra cosa que pisar mierdas con el pie derecho. Para no morir de rabia e indignación, las primeras veces jugué a creer que una tonelada de suerte entraría en mi vida. Qué bien, seguro que a partir de ahora empiezo a hablar inglés en condiciones, pensaba -yo pensaba- mientras limpiaba mi zapatilla con el bordillo.
Pero la esperanza también se pierde, sobre todo si, lejos de incalculables fortunas, lo más que me he encontrado estos días han sido problemas para tramitar mi visado a China, por ejemplo. Entonces me pregunto qué hacer para encontrar algo positivo a lo que aferrarme en el episodio “las cacas de perro y mis zapatillas”. Porque pisar boñigas es algo que ya forma parte de mi día a día y prestar atención al andar no es terapia suficiente, caracoles.
Cuestiónalo todo, Natalia, me decía mi última psiquiatra una y otra vez. Cuestiónalo. Y ha sido así, cuestionando, cómo he llegado a la conclusión de que he de moderar mis razonamientos más irracionales: A partir de ahora topar con un semáforo en verde no tendrá más trascendencia en mi vida que la de un suceso que me ha permitido llegar aún más puntual a las citas, ya nunca más será la señal de que algo bueno está por suceder. No volveré a decir “eres demasiado aries para mí, lo siento” o “qué bueno que seas libra, éste es el comienzo de una gran amistad”. La próxima vez que pise una caca de perro me limitaré a maldecir a su dueño, lo prometo.
¿Que por qué “moderar” esta querencia en vez de erradicarla? Porque, bien pensado y bien sentido, la lógica irracional tiene un punto semi estúpido que me encanta.
¿Sabían que en los edificios chinos no existe la planta cuarta porque el cuatro es el número de la mala suerte frente al ocho, que es el buen rollo numeralizado?
martes, 19 de enero de 2010
Disculpen la redundancia
-...Y han visto la foto en la que salgo fumando, tía.
-¿Cómo etiquetas esa foto, tía?
-Yo no la he etiquetado, tía. Lo hizo Carapedo, tía.
-Qué strong, tía...
El diablo se debe estar poniendo las botas con internet, ¿no creen ustedes? Su última acción, a saber, ha recaído en esa pobre choni cuyo tuenti ha sido descubierto por algún familiar. Sí, a mí también me parece estremecedor.
Este diálogo real ligeramente retocado para la ocasión nos viene a demostrar que las chonis también sufren, que una servidora es una persona irremediablemente cotilla en lo que a conversaciones ajenas se refiere y que el mundo 2.0 lo carga un demonio del que lo único que sabemos a ciencia cierta es que es todo un enemigo de la familia, del recato y de las buenas formas.
Y es que, a pesar de que sus bondades son muchas, podemos decir y decimos que los peligros de la red son inextricables, caracoles. El yin y el yang, ya sé. La noche y el día. El nestea y la absenta. El laurel y la pimienta. Internet es una cosa más, es un reflejo como otro cualquiera de las distintas naturalezas del individuo y de sus procesos como tal.
Pero tampoco es necesario que lleguemos al extremo de que a nuestra protagonista le caiga un castigo neroniano por ello, ¿o sí?
Abracitos para todos, caracoles.
viernes, 15 de enero de 2010
De humores malos o Díganme que le puede pasar a cualquiera, por favor
Te levantas, compruebas que no ha salido el sol pero te alegra que, al menos, no esté lloviendo. Claro que te alegra. Vas al baño, desayunas y, sin pena ni gloria, te dedicas a tus labores mientras escuchas Amparanoia. Te dices “Amparo de Amparanoia, queremos un disco tuyo” e incluso te haces gracia. Y es que a veces tienes un humor de lo más ingenioso, agudo y chispeante. Te encantas, no lo puedes negar.
Pasadas unas horas, vuelves a la cocina con la intención de tomar tu segundo café y notas que algo ha cambiado: estás de mal humor y no sabes por qué. Discutes con esa cafetera que, de repente, se ha vuelto perezosísima, reparas en que la cocina parece una pocilga y, por supuesto, eximes tu parte de culpa en el asunto. Mientras el maldito café se decide a salir de una vez, vas al baño de nuevo. Lavas tus manos, abres la puerta y te encuentras con el incauto de Mohamed, tu compañero de piso:
-A ver si tiramos de la cadena, Mohamed...
-Nata, yo acabo de levantarme y Santi está durmiendo... Quizá has sido tú la que no ha tirado de la cadena...
-Sí, claro, he sido yo... ¡y una mierda!
Preparas el café, vuelves a tu habitación y te permites el lujo de dar un portazo, pero te sientes mal porque has metido la pata hasta el fondo y lo sabes. Te sientes tan mal que incluso escribirías un asco de vida si supieses cuál es el origen de tu mala leche porque, ése es el problema: ignoras el origen de tu mala leche.
Querido mal humor, ¿por dónde has venido? Querido mal humor, ¿por dónde vas a marcharte?
La solución debe estar en tu interior y tu misión es encontrarla. Ni modo: Nadie ha mascado chicle con la boca abierta, las vecinas de arriba no se han puesto tacones hoy, aún faltan unas semanitas para que tu óvulo se destruya y quedan restos de la comida de ayer, es decir, hoy no tienes que cocinar. Tienes un humor de perros y no detectas ninguna causa aparente. No entiendes nada.
Eso sí, eres consciente de que la combinación de enfado y culpa no te favorece lo más mínimo. Entonces quieres gritar, quieres dormir, quieres retroceder en el tiempo. Quieres que Amparanoia saque nuevo disco de una maldita vez. Tienes que pedirle disculpas a Mohamed.
Soplas con toda la fuerza que tus negros y desgastados pulmones te permiten y dices “Fuera, energía negativa. Fuera. Fuera”. Te armas de coraje, llamas a su puerta y pides disculpas: “Tranquila, Nata, ya sé cómo eres”.
Te debates entre seguir el camino de la autocompasión o aceptar que a veces te comportas como una niñata. Entretanto, caes en la cuenta de que, al menos, el mal humor ha desaparecido.
Pasadas unas horas, vuelves a la cocina con la intención de tomar tu segundo café y notas que algo ha cambiado: estás de mal humor y no sabes por qué. Discutes con esa cafetera que, de repente, se ha vuelto perezosísima, reparas en que la cocina parece una pocilga y, por supuesto, eximes tu parte de culpa en el asunto. Mientras el maldito café se decide a salir de una vez, vas al baño de nuevo. Lavas tus manos, abres la puerta y te encuentras con el incauto de Mohamed, tu compañero de piso:
-A ver si tiramos de la cadena, Mohamed...
-Nata, yo acabo de levantarme y Santi está durmiendo... Quizá has sido tú la que no ha tirado de la cadena...
-Sí, claro, he sido yo... ¡y una mierda!
Preparas el café, vuelves a tu habitación y te permites el lujo de dar un portazo, pero te sientes mal porque has metido la pata hasta el fondo y lo sabes. Te sientes tan mal que incluso escribirías un asco de vida si supieses cuál es el origen de tu mala leche porque, ése es el problema: ignoras el origen de tu mala leche.
Querido mal humor, ¿por dónde has venido? Querido mal humor, ¿por dónde vas a marcharte?
La solución debe estar en tu interior y tu misión es encontrarla. Ni modo: Nadie ha mascado chicle con la boca abierta, las vecinas de arriba no se han puesto tacones hoy, aún faltan unas semanitas para que tu óvulo se destruya y quedan restos de la comida de ayer, es decir, hoy no tienes que cocinar. Tienes un humor de perros y no detectas ninguna causa aparente. No entiendes nada.
Eso sí, eres consciente de que la combinación de enfado y culpa no te favorece lo más mínimo. Entonces quieres gritar, quieres dormir, quieres retroceder en el tiempo. Quieres que Amparanoia saque nuevo disco de una maldita vez. Tienes que pedirle disculpas a Mohamed.
Soplas con toda la fuerza que tus negros y desgastados pulmones te permiten y dices “Fuera, energía negativa. Fuera. Fuera”. Te armas de coraje, llamas a su puerta y pides disculpas: “Tranquila, Nata, ya sé cómo eres”.
Te debates entre seguir el camino de la autocompasión o aceptar que a veces te comportas como una niñata. Entretanto, caes en la cuenta de que, al menos, el mal humor ha desaparecido.
viernes, 8 de enero de 2010
La entrada de nada
Érase una vez un hombrecillo de nada. Tenía la nariz de nada, la boca de nada, iba vestido de nada y llevaba zapatos de nada. Se fue de viaje a una calle de nada que no iba a ninguna parte. Se encontró a un ratón de nada y le preguntó:
-¿No temes al gato?
-No, de veras -contestó el ratón de nada-, en este país de nada sólo hay gatos de nada, que tienen bigotes de nada y garras de nada. Además, yo respeto el queso. Me como sólo los agujeros. No saben a nada, pero son dulces.
Disculpen la ausencia, caracoles. Las rebajas y las convocatorias de enero es lo que tienen.
-¿No temes al gato?
-No, de veras -contestó el ratón de nada-, en este país de nada sólo hay gatos de nada, que tienen bigotes de nada y garras de nada. Además, yo respeto el queso. Me como sólo los agujeros. No saben a nada, pero son dulces.
"El hombrecillo de nada", G. Rodari
Disculpen la ausencia, caracoles. Las rebajas y las convocatorias de enero es lo que tienen.
viernes, 1 de enero de 2010
La ley del deseo
Creo firmemente que hay quien debería subirse al carro del deseo de vez en cuando, siquiera para buscar nuevas motivaciones, ¿no les parece? También pienso que muchos de nosotros deberíamos hacernos mirar esa maldita costumbre de pedirle deseos al año nuevo de no ser porque es inútil intentar desmontar el imaginario de según qué individuos y porque, al fin y al cabo, no hemos venido aquí a colapsar la ya bastante colapsada seguridad social con nuestras patologías irreversibles.
Desear es demasiado fácil: Les deseo lo mejor, caracoles. ¿Ven? No me ha costado ningún esfuerzo. Además, desear no tiene límites: Que este año el Atlético nos dé una alegría, por favor. ¿Qué me dicen de ésta? Convengamos que para el buen funcionamiento del deseo es casi fundamental que no exista demasiada distancia entre el deseador y la cosa deseada, aunque también podemos recurrir a la clásica formulación de deseos claros pero imprecisos que nos permitan ir improvisando sobre la marcha: Les deseo la búsqueda y el encuentro de la felicidad, caracoles, y, si ya la encontraron, espero no la pierdan de vista.
En fin, allá cada uno con su manera de pedir deseos o de no pedirlos. Lo importante es buscarla.
¡A currarse el 2010 se ha dicho!
Desear es demasiado fácil: Les deseo lo mejor, caracoles. ¿Ven? No me ha costado ningún esfuerzo. Además, desear no tiene límites: Que este año el Atlético nos dé una alegría, por favor. ¿Qué me dicen de ésta? Convengamos que para el buen funcionamiento del deseo es casi fundamental que no exista demasiada distancia entre el deseador y la cosa deseada, aunque también podemos recurrir a la clásica formulación de deseos claros pero imprecisos que nos permitan ir improvisando sobre la marcha: Les deseo la búsqueda y el encuentro de la felicidad, caracoles, y, si ya la encontraron, espero no la pierdan de vista.
En fin, allá cada uno con su manera de pedir deseos o de no pedirlos. Lo importante es buscarla.
¡A currarse el 2010 se ha dicho!
lunes, 28 de diciembre de 2009
Mentiras leales
Si pudiesen elegir una inocentada, ¿con cuál se quedarían, caracoles? Sería bonito leer que, por ejemplo, se ha hecho justicia y, por tanto, dignidad en el Sáhara y en los demás territorios ocupados de la tierra; que Obama desdijese su discurso sobre la necesidad de una guerra para así alcanzar la paz o que todos los mafiosos del país (desde Francisco Camps hasta Domingo Díaz de Mera) firmasen un comunicado en el que reivindicasen los atentados “corruptistas” perpetrados a lo largo de todos estos años y cediesen sus huchas a un Estado no corrupto que de verdad se ocupase del bienestar ciudadano.
Y podría seguir enumerando las más de cien noticias que me encantaría leer alguna vez, caracoles, pero soy consciente del topicazo que ello supone y, además, no voy muy bien de tiempo hoy.
Coincidirán conmigo en que lo malo no es que nos la cuelen hoy, Dia de los Inocentes, lo peor de todo es la mentira que vamos tragando durante el día a día. La de los telediarios y la del Messenger. La mentira que no nos esforzamos por desmontar porque desmentir, ya lo sabrán ustedes, requiere tiempo, coraje y, sobre todo, ganas.
Porque es por falta de tiempo, de coraje y, sobre todo, de ganas que nos creemos el mensaje político o el contra mensaje de los que van en contra de los políticos sin tomarnos la molestia de fabricar nuestro propio discurso. De la mima manera que, a regañadientes, encajamos los desengaños de nuestra vida privada sin llegar nunca a desengañarnos del todo. Quiero decir que, a regañadientes, aprendemos a vivir con el desengaño, pero sin desengañarnos del todo. Y es que desengañarse, además de tiempo, coraje y ganas requiere desencanto, ay.
Pero, ¿no va a haber ni un tantito de caracolidad en esta entrada, Nata? Preguntaban ellos con lágrimas en los ojos.
Pues claro que sí, caracoles. Prepárense, ahí les va la revelación de las revelaciones: La mentira es un mal necesario, amigos. Si bien es cierto que cualquier niño podría crecer digna y felizmente sin tener que creer en unos reyes que traen más o menos regalos en función de su comportamiento, no podemos negar que mantener esa inofensiva pero conductista ilusión es poco menos que enternecedor.
Lo mismo pasa a veces (A VECES) con los secretos, las verdades a medias o las mentiras del Estado, que, sin llegar a tocar nuestros corazoncitos, se antojan necesarias por diferentes motivos: Caso Alakrana, un, dos, tres, responda otra vez. Con todo, yo apoyo a Coalición Pro Acceso, que conste.
Y, bueno, qué les voy a contar que no sepan sobre las mentiras privadas que todos urdimos o tragamos para sobrevivir sobremuriendo, como decía Benedetti. Tan necesarias como inevitables, quizá más lo segundo que lo primero.
Y podría seguir enumerando las más de cien noticias que me encantaría leer alguna vez, caracoles, pero soy consciente del topicazo que ello supone y, además, no voy muy bien de tiempo hoy.
Coincidirán conmigo en que lo malo no es que nos la cuelen hoy, Dia de los Inocentes, lo peor de todo es la mentira que vamos tragando durante el día a día. La de los telediarios y la del Messenger. La mentira que no nos esforzamos por desmontar porque desmentir, ya lo sabrán ustedes, requiere tiempo, coraje y, sobre todo, ganas.
Porque es por falta de tiempo, de coraje y, sobre todo, de ganas que nos creemos el mensaje político o el contra mensaje de los que van en contra de los políticos sin tomarnos la molestia de fabricar nuestro propio discurso. De la mima manera que, a regañadientes, encajamos los desengaños de nuestra vida privada sin llegar nunca a desengañarnos del todo. Quiero decir que, a regañadientes, aprendemos a vivir con el desengaño, pero sin desengañarnos del todo. Y es que desengañarse, además de tiempo, coraje y ganas requiere desencanto, ay.
Pero, ¿no va a haber ni un tantito de caracolidad en esta entrada, Nata? Preguntaban ellos con lágrimas en los ojos.
Pues claro que sí, caracoles. Prepárense, ahí les va la revelación de las revelaciones: La mentira es un mal necesario, amigos. Si bien es cierto que cualquier niño podría crecer digna y felizmente sin tener que creer en unos reyes que traen más o menos regalos en función de su comportamiento, no podemos negar que mantener esa inofensiva pero conductista ilusión es poco menos que enternecedor.
Lo mismo pasa a veces (A VECES) con los secretos, las verdades a medias o las mentiras del Estado, que, sin llegar a tocar nuestros corazoncitos, se antojan necesarias por diferentes motivos: Caso Alakrana, un, dos, tres, responda otra vez. Con todo, yo apoyo a Coalición Pro Acceso, que conste.
Y, bueno, qué les voy a contar que no sepan sobre las mentiras privadas que todos urdimos o tragamos para sobrevivir sobremuriendo, como decía Benedetti. Tan necesarias como inevitables, quizá más lo segundo que lo primero.
miércoles, 23 de diciembre de 2009
La Navidad, esa palabra..
A Marta se le ha caído un diente de leche hace un ratín, caracoles. Saben qué significa eso, ¿verdad? Significa que esta noche, una noche antes de la visita de Papa Noel, el Ratoncito Pérez también le dejará un regalo en casa. A sus cinco años, Marta puede decir bien alto que es una tía con suerte, ¿no les parece?
Y mientras Marta se pavonea delante de sus primas gritando a pleno pulmón que en 48 horas el Ratoncito Pérez y Papa Noel van a premiar su inmejorable papel como niña, otros maldecimos la insolencia de estas fechas.
-¿De qué vas, Nata? Si a nosotras nos encanta la Navidad...
-Será a ti, porque a mí me parecen unas fiestas de lo más superficiales y absurdas que, además, ponen de manifiesto la farsa que también sostiene las relaciones sociales. Y qué decir del consumismo que tanto...
-Vale, vale, no sigas por ahí... Ese discursito también nos lo conocemos todos. Cuéntales qué hiciste ayer.
-¿Ayer? Ayer hice un examen a mis alumnos de la Universidad Popular.
-Y después, ¿qué hiciste después?
-Me fui con mi madre.
-Nata...
-¿Qué?
-...
-Está bien, está bien, antes de volver a casa pasé por “La abuela Benita” y compré una caja de mantecados para mis padres, ¿qué pasa?
-Nada. Continúa, por favor
-Vale. También encargué un Mr Potato para Edurne
-Te escuchamos, te escuchamos.
-Ya no hice nada más, listilla, me fui a casa.
-¿Seguro?
-¡Eso era una broma! ¿De verdad creías que le iba a enviar esa carta a los Reyes Magos? Era un ejercicio literario, mujer.
-Se te llena la boca con la palabra “literatura”. ¿A quién pretendes engañar?
-Te estás pasando. Yo detesto la hipocresía de diciembre como la que más.
-Sí, sí...
Sin ánimo de parecerme lo más mínimo a don Juan Carlos con su mensaje navideño, abrí este post con la intención de desearles unas felices fiestas porque, querámoslo o no, es época de fiestas, caracoles. No obstante, parece ser que mi postura ante la Navidad no está tan definida como yo pensaba y mi postal se reduce a lo siguiente:
Confío plenamente en que sabrán estar a la altura de las circunstancias, caracoles. Ya saben, no repitan plato si no quieren repetir, no respondan esa clase de preguntas que se formulan desde la mala fe del preguntador y, sobre todo, no olviden que a grandes y forzados reencuentros, grandes excusas.
Y, bueno, espero que busquen y encuentren algo positivo a lo que aferrarse en esta pausa que nos brindan la religión y el capitalismo. Yo, ya se lo dije, hago balances y me uno a la retahíla de batallitas de los Alarcón Mosquera durante las largas sobremesas.
Y mientras Marta se pavonea delante de sus primas gritando a pleno pulmón que en 48 horas el Ratoncito Pérez y Papa Noel van a premiar su inmejorable papel como niña, otros maldecimos la insolencia de estas fechas.
-¿De qué vas, Nata? Si a nosotras nos encanta la Navidad...
-Será a ti, porque a mí me parecen unas fiestas de lo más superficiales y absurdas que, además, ponen de manifiesto la farsa que también sostiene las relaciones sociales. Y qué decir del consumismo que tanto...
-Vale, vale, no sigas por ahí... Ese discursito también nos lo conocemos todos. Cuéntales qué hiciste ayer.
-¿Ayer? Ayer hice un examen a mis alumnos de la Universidad Popular.
-Y después, ¿qué hiciste después?
-Me fui con mi madre.
-Nata...
-¿Qué?
-...
-Está bien, está bien, antes de volver a casa pasé por “La abuela Benita” y compré una caja de mantecados para mis padres, ¿qué pasa?
-Nada. Continúa, por favor
-Vale. También encargué un Mr Potato para Edurne
-Te escuchamos, te escuchamos.
-Ya no hice nada más, listilla, me fui a casa.
-¿Seguro?
-¡Eso era una broma! ¿De verdad creías que le iba a enviar esa carta a los Reyes Magos? Era un ejercicio literario, mujer.
-Se te llena la boca con la palabra “literatura”. ¿A quién pretendes engañar?
-Te estás pasando. Yo detesto la hipocresía de diciembre como la que más.
-Sí, sí...
Sin ánimo de parecerme lo más mínimo a don Juan Carlos con su mensaje navideño, abrí este post con la intención de desearles unas felices fiestas porque, querámoslo o no, es época de fiestas, caracoles. No obstante, parece ser que mi postura ante la Navidad no está tan definida como yo pensaba y mi postal se reduce a lo siguiente:
Confío plenamente en que sabrán estar a la altura de las circunstancias, caracoles. Ya saben, no repitan plato si no quieren repetir, no respondan esa clase de preguntas que se formulan desde la mala fe del preguntador y, sobre todo, no olviden que a grandes y forzados reencuentros, grandes excusas.
Y, bueno, espero que busquen y encuentren algo positivo a lo que aferrarse en esta pausa que nos brindan la religión y el capitalismo. Yo, ya se lo dije, hago balances y me uno a la retahíla de batallitas de los Alarcón Mosquera durante las largas sobremesas.
lunes, 21 de diciembre de 2009
Explota, explota, explótame, expló
Boom:
No sé, es como que he dejado de ser un caracol para convertirme en otra cosa que no sé si me gusta porque no alcanzo a saber qué clase de agentes han intervenido en la transformación. Porque soy una piedra. ¿Una piedra soy? Y luego está lo de que no quiero pensar qué pasará si realmente su muerte me pilla bailando, pero lo cierto es que no puedo dejar de pensarlo. Y no puedo dormir porque ando metida en un conflicto de los gordos: ¿arraigada o desarraigada? ¿Por qué haces lo que haces si eres como eres? Ustedes me entienden, ¿verdad? Y cuando consigo dormir me dan las tres de la tarde porque, sin quererlo, he ido renunciando al equilibrio una vez más. Porque, ciertamente, éstos son días inciertos y el final de ese relato me trae por la calle de la amargura. Y, aunque no doy la callada por respuesta, lo cierto es que muchas veces hablo para no tener que hablar. Un mundo mejor para los caracoles, blogspot. Oh, my God.
--
Había olvidado lo supercalifragilísticoespialidoso que es para mí vomitar, caracoles. Eso de ahí arriba que a ustedes les dirá más bien poco y a mí me acaba de dar el empujón que necesitaba es uno de los resultados del balance de vida en el que ando metida estos días y, de esta manera, después de reajustar los valores de algunas de las cartas con las que he jugado este año, vuelvo a apostar por el vómito saludable y me regaño por haberlo devaluado tanto últimamente.
Si algunos de ustedes se mostraron, más que reticentes, reacios a lo de hacer un balance de vida, mucho me temo que tampoco serán partidarios de vomitarse el presente, con todo lo bueno y lo malo que ello supone. Allá ustedes, caracoles. Recuerden, eso sí, que sirve de muy poco esconder el reloj para dejar de perder el tiempo.
Si no queremos analizar nuestro pasado más inmediato o nuestro presente por disconformidad con lo vivido o con lo que nos ha tocado vivir es porque algo ha fallado y, si algo ha fallado, hay que arreglarlo, reutilizarlo con otros fines o depositarlo en un punto limpio para que el error desaparezca sanamente, sin trampas ni atajos. No lo digo yo, lo dicen todos los manuales relacionados con la optimización. Esos manuales que también dicen que no vale auto convencerse de que la solución no depende sólo de nosotros.
Y me despido con esta exagerada y dramática canción prometiéndome que no voy a volver a escucharla en unos cuantos años (por lo menos) y poniéndome a mí como testigo de que mañana escucharé el despertador.
No sé, es como que he dejado de ser un caracol para convertirme en otra cosa que no sé si me gusta porque no alcanzo a saber qué clase de agentes han intervenido en la transformación. Porque soy una piedra. ¿Una piedra soy? Y luego está lo de que no quiero pensar qué pasará si realmente su muerte me pilla bailando, pero lo cierto es que no puedo dejar de pensarlo. Y no puedo dormir porque ando metida en un conflicto de los gordos: ¿arraigada o desarraigada? ¿Por qué haces lo que haces si eres como eres? Ustedes me entienden, ¿verdad? Y cuando consigo dormir me dan las tres de la tarde porque, sin quererlo, he ido renunciando al equilibrio una vez más. Porque, ciertamente, éstos son días inciertos y el final de ese relato me trae por la calle de la amargura. Y, aunque no doy la callada por respuesta, lo cierto es que muchas veces hablo para no tener que hablar. Un mundo mejor para los caracoles, blogspot. Oh, my God.
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Había olvidado lo supercalifragilísticoespialidoso que es para mí vomitar, caracoles. Eso de ahí arriba que a ustedes les dirá más bien poco y a mí me acaba de dar el empujón que necesitaba es uno de los resultados del balance de vida en el que ando metida estos días y, de esta manera, después de reajustar los valores de algunas de las cartas con las que he jugado este año, vuelvo a apostar por el vómito saludable y me regaño por haberlo devaluado tanto últimamente.
Si algunos de ustedes se mostraron, más que reticentes, reacios a lo de hacer un balance de vida, mucho me temo que tampoco serán partidarios de vomitarse el presente, con todo lo bueno y lo malo que ello supone. Allá ustedes, caracoles. Recuerden, eso sí, que sirve de muy poco esconder el reloj para dejar de perder el tiempo.
Si no queremos analizar nuestro pasado más inmediato o nuestro presente por disconformidad con lo vivido o con lo que nos ha tocado vivir es porque algo ha fallado y, si algo ha fallado, hay que arreglarlo, reutilizarlo con otros fines o depositarlo en un punto limpio para que el error desaparezca sanamente, sin trampas ni atajos. No lo digo yo, lo dicen todos los manuales relacionados con la optimización. Esos manuales que también dicen que no vale auto convencerse de que la solución no depende sólo de nosotros.
Y me despido con esta exagerada y dramática canción prometiéndome que no voy a volver a escucharla en unos cuantos años (por lo menos) y poniéndome a mí como testigo de que mañana escucharé el despertador.
martes, 15 de diciembre de 2009
Escritura creativa
Joaquín Sabina está tan feliz actualmente que ha tenido que echar mano de la galopante depresión de su amigo Benjamín Prado para escribir las letras de su nuevo disco. Con la excusa de distraerlo y la finalidad de lucrarse de la creatividad que implica su tristeza (Benjamín Prado tiene el corazón partío, caracoles), Sabina se llevó al desolado poeta a la triste ciudad de Praga. Prado prestó parte de su desazón al cantautor y juntos, en amor y compaña, escribieron Vinagre y Rosas, un disco que poco tiene que ver con la socarronería y la elegante amargura del Sabina de toda la vida. (Entrevista molona)
El artista nace y también se hace. Aunque la técnica y la disciplina juegan un papel importante en todo lo que concierne a la creatividad, lo cierto es que la inspiración y demás bobadas son también decisivas a la hora de crear algo que tenga por finalidad última hacer “chack” en el receptor de esa cosa que llaman arte. Y no es menos cierto que, dentro de la inspiración y demás bobadas, la inestabilidad emocional en alguna de sus variantes es un indiscutible punto a favor del “chack”.
Nada me gustaría más que poder rebatir el tópico que une a la tristeza y a la soledad (soledad de la mala, se entiende) con la creatividad, pero sería muy hipócrita por mi parte hacerlo, caracoles.
Eso sí, vaya por delante que, por mucho que la infelicidad tienda a despertar la sensibilidad que habita en el interior del individuo, cada cual canaliza esa pulsión a su manera. Por eso no todos los infelices son artistas ni necesariamente la infelicidad genera obras basadas en la propia infelicidad. Menudo coñazo si así fuera, ¿no creen?
Y después de esta disertación que seguro cambiará radicalmente sus vidas, les cuento en relación a la otra cara de la moneda, la de la técnica y la disciplina, que en la librería “Un cuarto propio” se ha abierto el plazo de inscripción para un taller sobre escritura creativa.
A pesar de que tanto el material del curso como los ejercicios a desarrollar han sido en su mayoría elaborados y/o propuestos por Cristina Serrano, el alma de Un cuarto propio, será una servidora la que se encargue humilde e ilusionadamente de transmitirle los contenidos a todo el que se apunte. (Info).
--
¿Que por qué el curso dura poco más de un mes y no tres como se dijo al principio? ¡Porque me voy a China, caracoles! Ala, ya lo he dicho.
El artista nace y también se hace. Aunque la técnica y la disciplina juegan un papel importante en todo lo que concierne a la creatividad, lo cierto es que la inspiración y demás bobadas son también decisivas a la hora de crear algo que tenga por finalidad última hacer “chack” en el receptor de esa cosa que llaman arte. Y no es menos cierto que, dentro de la inspiración y demás bobadas, la inestabilidad emocional en alguna de sus variantes es un indiscutible punto a favor del “chack”.
Nada me gustaría más que poder rebatir el tópico que une a la tristeza y a la soledad (soledad de la mala, se entiende) con la creatividad, pero sería muy hipócrita por mi parte hacerlo, caracoles.
Eso sí, vaya por delante que, por mucho que la infelicidad tienda a despertar la sensibilidad que habita en el interior del individuo, cada cual canaliza esa pulsión a su manera. Por eso no todos los infelices son artistas ni necesariamente la infelicidad genera obras basadas en la propia infelicidad. Menudo coñazo si así fuera, ¿no creen?
Y después de esta disertación que seguro cambiará radicalmente sus vidas, les cuento en relación a la otra cara de la moneda, la de la técnica y la disciplina, que en la librería “Un cuarto propio” se ha abierto el plazo de inscripción para un taller sobre escritura creativa.
A pesar de que tanto el material del curso como los ejercicios a desarrollar han sido en su mayoría elaborados y/o propuestos por Cristina Serrano, el alma de Un cuarto propio, será una servidora la que se encargue humilde e ilusionadamente de transmitirle los contenidos a todo el que se apunte. (Info).
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¿Que por qué el curso dura poco más de un mes y no tres como se dijo al principio? ¡Porque me voy a China, caracoles! Ala, ya lo he dicho.
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lunes, 14 de diciembre de 2009
A dudar se aprende

JR Mora
El antiguo director del banco en el que los Alarcón Mosquera tienen depositadas todas sus deudas condenado ahora a trabajar en la ventanilla de la oficina. Si tuviese que elegir una imagen que resumiese todo lo acontecido con la crisis, me quedaría con la de ese banquero que ha dejado de firmar préstamos astronómicos para pasar a actualizar libretas y atender a jubilados maleducados. Tendrían que verlo. Tendrían que haberlo visto antes y verlo ahora, caracoles. El día menos pensado le vuelven a leer la cartilla (leerle la cartilla a un banquero, qué ironía) y lo ponen a doblar cartas.
Se nos acaba el año, caracoles. ¿Cómo se les queda el cuerpo tras este 2009? ¿Valió la pena? Y la alegría, ¿valió la alegría?
Aunque no es conditio sine qua non para ser un individuo de bien ir por ahí haciendo balances de vida (y, mucho menos, hacerlos en diciembre), a mí me gusta hacerlos . A mí me gusta hacerlos en diciembre, ea. Y la cosa no acaba ahí, caracoles, me gusta examinarme con calma y profundidad para poder felicitarme o regañarme y digerir las dichas o las miserias tras haber analizado concienzudamente lo hecho, lo sentido y lo pensado. Por eso empiezo a preparar mi examen dos semanas antes del 31, porque me encanta pensarme bien. Ya hablamos de esto hace un diciembre...
He empezado con la crisis para calentar motores y ejercitar la memoria un poco más y, lo que les digo, de todo lo relacionado con ese tema, me quedo con el banco en el que los Alarcón Mosquera tienen depositadas sus deudas y con el banquero venido a menos.
miércoles, 9 de diciembre de 2009
Con verbo se siente mejor
Los miércoles preparo las oposiciones de Secundaria, caracoles. Voy a escribirlo otra vez, a ver si así resulta más convincente: Los miércoles preparo las oposiciones. Ejem. Un último intento, por favor: Los miércoles... Está bien, desisto.
¿Les cuento lo que se dijo a propósito del afecto en la charla sobre modelos familiares y su repercusión social de la que hablábamos el otro día? Se dijo que una de las grandes diferencias entre los animales y las personas es, indudablemente, el uso del lenguaje. La antropóloga de turno sostuvo que, si bien es cierto que el verbo no es indispensable para manifestar el cariño o el desprecio hacia cualquier cosa, todo parece indicar que el hecho de que podamos hablar o escribir sobre un sentimiento (sea de la naturaleza que sea) da lugar a que sintamos ese afecto con mucha más intensidad.
No se hagan los despistados, recuerden aquella vez que le contaron a su mejor amigo de la niñez o la adolescencia “me gusta Fulanito o Fulanita” y reconozcan que, desde ese momento, su enamoramiento fue mucho más real. Quizá nunca llegaron a contárselo a Fulanito o Fulanita pero ustedes ya lo habían dicho en voz alta y, al decirlo, sus pulsaciones se aceleraron hasta límites insospechados. “Joder, es que me gusta de verdad” constatarían tras esa confesión, estoy segura. Es el poder de la palabra, qué le vamos a hacer.
Y, ¿eso es bueno o malo? A mí que me registren... Dependerá del sentimiento, supongo.
Yo, por si las moscas, voy a escribir de nuevo que “los miércoles preparo las oposiciones de Secundaria” con la esperanza de que algún día llegue a creérmelo y me atreva a acercarme a ese maldito temario.
-Y no te has planteado descartar la opción “oposiciones”.
-¿Qué haces tú aquí? Lo que menos necesito ahora es una crisis, que lo sepas.
-Já! Has picado, idiota. Ahora también has escrito “descartar la opción oposiciones”. A ver cómo sales de ésta, maja.
-Mierda. No se vale.
-Se siente.
¿Les cuento lo que se dijo a propósito del afecto en la charla sobre modelos familiares y su repercusión social de la que hablábamos el otro día? Se dijo que una de las grandes diferencias entre los animales y las personas es, indudablemente, el uso del lenguaje. La antropóloga de turno sostuvo que, si bien es cierto que el verbo no es indispensable para manifestar el cariño o el desprecio hacia cualquier cosa, todo parece indicar que el hecho de que podamos hablar o escribir sobre un sentimiento (sea de la naturaleza que sea) da lugar a que sintamos ese afecto con mucha más intensidad.
No se hagan los despistados, recuerden aquella vez que le contaron a su mejor amigo de la niñez o la adolescencia “me gusta Fulanito o Fulanita” y reconozcan que, desde ese momento, su enamoramiento fue mucho más real. Quizá nunca llegaron a contárselo a Fulanito o Fulanita pero ustedes ya lo habían dicho en voz alta y, al decirlo, sus pulsaciones se aceleraron hasta límites insospechados. “Joder, es que me gusta de verdad” constatarían tras esa confesión, estoy segura. Es el poder de la palabra, qué le vamos a hacer.
Y, ¿eso es bueno o malo? A mí que me registren... Dependerá del sentimiento, supongo.
Yo, por si las moscas, voy a escribir de nuevo que “los miércoles preparo las oposiciones de Secundaria” con la esperanza de que algún día llegue a creérmelo y me atreva a acercarme a ese maldito temario.
-Y no te has planteado descartar la opción “oposiciones”.
-¿Qué haces tú aquí? Lo que menos necesito ahora es una crisis, que lo sepas.
-Já! Has picado, idiota. Ahora también has escrito “descartar la opción oposiciones”. A ver cómo sales de ésta, maja.
-Mierda. No se vale.
-Se siente.
viernes, 4 de diciembre de 2009
24 instantes
Déjenme desearles un feliz puente con esta joyita cinematográfica del ciudadrealeño Daniel Chamorro, caracoles.
24 instantes. No vale intentar detener el tiempo, lo dice La Muete
¡Viva la Inmaculada Concepción!
viernes, 27 de noviembre de 2009
Un cuarto propio y algo más

Seamos culturetas por un rato, caracoles. La mujer habitada está llegando a su fin: socorro pido, cuéntenme qué andan leyendo ahora. Denle trabajo a mi Spotify y un placer a mis oídos, por favor, díganme qué música escuchan. A cambio, yo les advierto que si van a "Un cuarto propio" y se dejan tocar por el lugar, es más que probable que no salgan de ahí hasta que no le hayan dicho a la gran Cristina Serrano cuáles son sus cinco libros favoritos.
¿Que aún no conocen la librería “Un cuarto propio”? Pues sepan que si ustedes son de merodear, olisquear y (h)ojear sin ser molestados, seguramente no salgan de ahí en un buen rato y si les va el rollo alternativillo con contenido, tres cuartos de lo mismo: Un cuarto propio es el lugar que todo caracol culipardo estaba esperando. Ahí se lo dejo.
¿Que por qué les hablo de una librería? Porque Un cuarto propio es una librería y algo más. Es un negocio y algo más. Y ya saben, ¡compartir es vivir! Pasen y vean, caracoles, dense el gustazo y ya me cuentan.
Dinero y un cuarto propio, eso es lo que dijo Virginia Woolf que necesitaba una mujer para poder escribir novelas -eran otros tiempos, ya saben-. Viriginia Woolf, la de La Señora Dalloway, la de Las horas, la maestra del estilo indirecto libre, la que quiso ser libre, la que no pudo serlo. La que me ayudó a sobrellevar mi último año de carrera.
Libros ilustrados, pequeña selección de literatura infantil, clásicos recuperados, novelas exquisitas, música, paredes para artistas (no se pierdan “Niños Malgaches”) y talleres (miren, miren). ¿Qué más pruebas quieren? ¿Quieren más? Un cuarto propio es una de esas cosas que pueden hacer que, de noche y de día, Ciudad Real llegue a enamorarte o, al menos, a despertarte la libido.
Y poco más, caracoles. Yo ya he cumplido con mi parte del trato, ahora les toca a ustedes decirme qué andan leyendo y darle trabajo a mi Spotify.
Y para terminar con el post "culturetarrealeño", ¿nos vemos en la presentación de "Autopsia. La revista de la ciudad muert(ecit)a"?
miércoles, 25 de noviembre de 2009
El principio de relevancia
Estarán de acuerdo conmigo en que, de no haber sido por la Semántica y la Pragmática, la Lingüística del texto seguiría dándole al estudio de la concatenación de oraciones sin más, esto es, seguiría merodeando en la estructura superficial de las cosas sin llegar nunca al meollo de la cuestión. Por eso y por muchas aventuras más: ¡infinitas gracias, semánticos y pragmáticos del mundo!
Ahora que el texto y el discurso son sinónimos, a los dos se les define como la mínima unidad comunicativa y punto. A partir de ahí, Castilla es ancha y, en función de la intención comunicativa del hablante, texto es todo aquello que el individuo considera “texto”. Cuánta libertad y nosotros sin saberlo, caracoles.
Como el béisbol o el amor, que diría Woody Allen, el texto también tiene sus reglas. La diferencia es que las de la lingüística son un tantito más misericordiosas con el individuo (qué clase de desalmado estipularía que un corredor está obligado a correr si ocupa una base que otro compañero necesita): De esta manera, el principio de cualidad advierte que el hablante ha de dar la cantidad de información precisa, ni más ni menos y el de modalidad, por ejemplo, nos exhorta a ser breves y ordenados y a huir de la ambigüedad.
A mí el que más me gusta es el principio de relevancia. Muy parecido a los anteriores, pero mucho más preciso que todos ellos. Lean lo que dicen D. Sperber y D. Wilson: “todo enunciado comunica a su destinatario la presunción de su pertinencia óptima”, esto es, todo receptor espera que su emisor tenga la intención de ser relevante, de decir algo que contribuya a su conocimiento del mundo sin exigirle un esfuerzo desmedido de interpretación. Cuanto más efecto produzca un enunciado y menos esfuerzo de interpretación por parte del receptor requiera, más relevante será.
¿No les parece fantástico y maravilloso nuestro sistema comunicativo, caracoles? Yo no quepo en mí de tanta satisfacción, ay.
Sería demasiado vil por mi parte irme al discurso de cualquier político, personalidad o personaje para extraer algún que otro ejemplo que muestre cómo el hablante atenta contra el principio de relevancia a cada paso. El que no lleve a un enemigo de la comunicación efectiva dentro, que tire la primera piedra.
-No me lo puedo creer, Nata, ¿vas a salir de este post sin contar que tu sobrina Edurne ha dicho su primera palabra?
-Sí, a partir de ahora voy a ser un caracol pertinente.
-Pues menudo rollo.
-Ea.
-No puedes ir así por la vida, chica. Esto es un blog personal, ¿es que no te das cuenta?
-Maldita sea, tienes razón.
-Claro que tengo razón.
-Jo
Cómo me jode darle la razón, caracoles... En fin: Mi sobrina Edurne ha dicho algo así como “papa”, ya come potitos de verduras y duerme toda la noche de un tirón. La familia Alarcón Mosquera está encantada con tan rápidos y satisfactorios avances. Seguiremos informando.
Ahora que el texto y el discurso son sinónimos, a los dos se les define como la mínima unidad comunicativa y punto. A partir de ahí, Castilla es ancha y, en función de la intención comunicativa del hablante, texto es todo aquello que el individuo considera “texto”. Cuánta libertad y nosotros sin saberlo, caracoles.
Como el béisbol o el amor, que diría Woody Allen, el texto también tiene sus reglas. La diferencia es que las de la lingüística son un tantito más misericordiosas con el individuo (qué clase de desalmado estipularía que un corredor está obligado a correr si ocupa una base que otro compañero necesita): De esta manera, el principio de cualidad advierte que el hablante ha de dar la cantidad de información precisa, ni más ni menos y el de modalidad, por ejemplo, nos exhorta a ser breves y ordenados y a huir de la ambigüedad.
A mí el que más me gusta es el principio de relevancia. Muy parecido a los anteriores, pero mucho más preciso que todos ellos. Lean lo que dicen D. Sperber y D. Wilson: “todo enunciado comunica a su destinatario la presunción de su pertinencia óptima”, esto es, todo receptor espera que su emisor tenga la intención de ser relevante, de decir algo que contribuya a su conocimiento del mundo sin exigirle un esfuerzo desmedido de interpretación. Cuanto más efecto produzca un enunciado y menos esfuerzo de interpretación por parte del receptor requiera, más relevante será.
¿No les parece fantástico y maravilloso nuestro sistema comunicativo, caracoles? Yo no quepo en mí de tanta satisfacción, ay.
Sería demasiado vil por mi parte irme al discurso de cualquier político, personalidad o personaje para extraer algún que otro ejemplo que muestre cómo el hablante atenta contra el principio de relevancia a cada paso. El que no lleve a un enemigo de la comunicación efectiva dentro, que tire la primera piedra.
-No me lo puedo creer, Nata, ¿vas a salir de este post sin contar que tu sobrina Edurne ha dicho su primera palabra?
-Sí, a partir de ahora voy a ser un caracol pertinente.
-Pues menudo rollo.
-Ea.
-No puedes ir así por la vida, chica. Esto es un blog personal, ¿es que no te das cuenta?
-Maldita sea, tienes razón.
-Claro que tengo razón.
-Jo
Cómo me jode darle la razón, caracoles... En fin: Mi sobrina Edurne ha dicho algo así como “papa”, ya come potitos de verduras y duerme toda la noche de un tirón. La familia Alarcón Mosquera está encantada con tan rápidos y satisfactorios avances. Seguiremos informando.
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viernes, 20 de noviembre de 2009
¿Dejamos de comer?
Mi sobrina a Marta le ha aconsejado mi hermano Alberto, su padre, que deje de comer. No es que Alberto adolezca de obesidad mórbida ni nada por el estilo, se trata de que Marta ha interiorizado hasta límites insospechados las advertencias de sus padres, que siempre le recuerdan que ha de comer para poder crecer y ser tan mayor como sus primas:
- Papá, no deberías comer nunca más. Si no comes, no creces y, si no creces, no serás viejo nunca y, por lo tanto, nunca morirás. Deja de comer, papá.
A ver quién es el guapo que le explica a Marta que la muerte por inanición es una de las más tristes y dolorosas...
Sirva esta anécdota para demostrar que, en contra de lo que pueda pensarse, no sólo los adultos invierten gran parte de su tiempo en buscar remedios a cosas irremediables: los niños también lo hacen.
Que pasen un buen fin de semana, caracoles.
- Papá, no deberías comer nunca más. Si no comes, no creces y, si no creces, no serás viejo nunca y, por lo tanto, nunca morirás. Deja de comer, papá.
A ver quién es el guapo que le explica a Marta que la muerte por inanición es una de las más tristes y dolorosas...
Sirva esta anécdota para demostrar que, en contra de lo que pueda pensarse, no sólo los adultos invierten gran parte de su tiempo en buscar remedios a cosas irremediables: los niños también lo hacen.
Que pasen un buen fin de semana, caracoles.
martes, 17 de noviembre de 2009
A mí que me registren
Confieso que a veces me hago la mujer para conseguir mi objetivo, caracoles. Yo, que tanto me quejo de la discriminación positiva, alguna que otra vez me he librado de cambiar barriles de cerveza o de volver a casa andando echando mano de la supuesta debilidad e ingenuidad que se lo supone al supuesto sexo débil.
Y no les voy a contar la parrafada que le solté el otro día al taquillero de RENFE cuando me presenté en la estación sin carné joven y con el dinero justo para pagar el billete con descuento incluido –ni un céntimo más ni un céntimo menos- porque, además de números rojos, tengo una reputación como caracol que mantener.
También sufro de cambios de humor durante la ovulación y la posterior menstruación. Ésta es quizá una de las cosas ante la que más me ha costado ceder. Pues, ser un caradura es apto tanto para mujeres como para hombres, aunque las estrategias a seguir sean a veces distintas. Quiero decir que el resto de elementos de mi persona que se asocian más directamente al universo femenino son siempre variables y discutibles. Ahora bien, el revuelo hormonal que desencadena el ovulito no fecundado es incuestionable: lo dicen los biólogos, ya saben.
Sin oponer mucha resistencia, acepto mis cosicas de mujer de la misma manera que asumo mis limitaciones para con la cocina, por ejemplo, e intento que ninguna de esas etiquetas se manifieste por encima de las otras: no quiero destacar por ser la peor cocinera de Un mundo mejor para los caracoles y tampoco por ser mujer. A decir verdad, no quiero destacar.
No quiero entorpecer mi discurso con miembras y miembros, con arrobas o con barritas, pero llego a montar en cólera cuando me descubro dando por sentado realidades a día de hoy tan irreales como “el médico y la enfermera”. Porque durante muchos años así ha sido, caracoles: los médicos eran médicos y las enfermeras, enfermeras. Afortunadamente y gracias al esfuerzo de muchas personas, ahora también hay médicas y enfermeros. Y el otro día vi a un señor de la limpieza.
Queda mucho por hacer, claro. Aún hay muchos individuos con ovarios a la sombra de la sociedad que labran el campo a diario dentro del más absoluto vacío legal. Hay muchos sujetos a los que no se les permite ver el abanico de posibilidades que ofrece el hecho de estar vivo y quedan relegados a las paredes de un hogar, también hay otros individuos con vagina que no quieren ver ese abanico y se siguen haciendo las mujeres para conseguir sus objetivos. Porque las dos palabras favoritas del género humano, como todo el mundo saben son "gratis" y "fácil".
Soy consciente de que a veces el movimiento no sólo se demuestra andando, sencillamente, porque hay quien no puede echarse a la calle y ponerse a andar; en ese caso, es necesario detenerse y darle un pequeño empujoncito al asunto, pero, ay, es que a mí me cuesta tanto comulgar con la mayoría de las estrategias seguidas por el movimiento feminista actual que yo no sé. Eso sí, me esfuerzo por defender y practicar el sano feminismo a diario.
Así que no, no soy ninguna enemiga del feminismo y mucho menos de la mujer.
Y no les voy a contar la parrafada que le solté el otro día al taquillero de RENFE cuando me presenté en la estación sin carné joven y con el dinero justo para pagar el billete con descuento incluido –ni un céntimo más ni un céntimo menos- porque, además de números rojos, tengo una reputación como caracol que mantener.
También sufro de cambios de humor durante la ovulación y la posterior menstruación. Ésta es quizá una de las cosas ante la que más me ha costado ceder. Pues, ser un caradura es apto tanto para mujeres como para hombres, aunque las estrategias a seguir sean a veces distintas. Quiero decir que el resto de elementos de mi persona que se asocian más directamente al universo femenino son siempre variables y discutibles. Ahora bien, el revuelo hormonal que desencadena el ovulito no fecundado es incuestionable: lo dicen los biólogos, ya saben.
Sin oponer mucha resistencia, acepto mis cosicas de mujer de la misma manera que asumo mis limitaciones para con la cocina, por ejemplo, e intento que ninguna de esas etiquetas se manifieste por encima de las otras: no quiero destacar por ser la peor cocinera de Un mundo mejor para los caracoles y tampoco por ser mujer. A decir verdad, no quiero destacar.
No quiero entorpecer mi discurso con miembras y miembros, con arrobas o con barritas, pero llego a montar en cólera cuando me descubro dando por sentado realidades a día de hoy tan irreales como “el médico y la enfermera”. Porque durante muchos años así ha sido, caracoles: los médicos eran médicos y las enfermeras, enfermeras. Afortunadamente y gracias al esfuerzo de muchas personas, ahora también hay médicas y enfermeros. Y el otro día vi a un señor de la limpieza.
Queda mucho por hacer, claro. Aún hay muchos individuos con ovarios a la sombra de la sociedad que labran el campo a diario dentro del más absoluto vacío legal. Hay muchos sujetos a los que no se les permite ver el abanico de posibilidades que ofrece el hecho de estar vivo y quedan relegados a las paredes de un hogar, también hay otros individuos con vagina que no quieren ver ese abanico y se siguen haciendo las mujeres para conseguir sus objetivos. Porque las dos palabras favoritas del género humano, como todo el mundo saben son "gratis" y "fácil".
Soy consciente de que a veces el movimiento no sólo se demuestra andando, sencillamente, porque hay quien no puede echarse a la calle y ponerse a andar; en ese caso, es necesario detenerse y darle un pequeño empujoncito al asunto, pero, ay, es que a mí me cuesta tanto comulgar con la mayoría de las estrategias seguidas por el movimiento feminista actual que yo no sé. Eso sí, me esfuerzo por defender y practicar el sano feminismo a diario.
Así que no, no soy ninguna enemiga del feminismo y mucho menos de la mujer.
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