martes 1 de diciembre de 2009

¿El gran negocio?




La familia está sobre valorada, caracoles, ésa fue una de las conclusiones a las que se llegó el pasado sábado en la charla “Modelos familiares y su repercusión social” que organizó CNT.

Se habló de los muchos y variados modelos de familia que pulularon y aún pululan por el mundo. Se señaló la diferencia entre matriarcado y matrilinealidad (nada parece indicar que el matriarcado haya existido alguna vez). Muchos vimos la luz con la concepción del sexo y la sensualidad por parte de los Hoarorani (me he pateado la red en busca de información sobre esta tribu, pero no he encontrado nada medianamente documentado: pueden hacerse una idea aquí). Se cuestionaron mil y un tabúes y se abrió una gran incógnita en torno a la prohibición del incesto.

Podría decirse que durante casi dos horas se quiso ver y se vio la estrecha relación que existe entre la economía y la familia: La familia como sustento, la familia como aval, la familia como inversión, la familia como única vía para llegar a fin de mes...

En cuanto al componente afectivo de las relaciones consanguíneas , lo más que se dijo fue que el roce hace el cariño. Y sin roce no hay cariño. ¿Qué me dicen?

En la familia Alarcón Mosquera impera el amor y la alegría, pero es cierto que no todos los miembros nos amamos con la misma intensidad. Tanto es así que incluso uno de nosotros decidió salirse del árbol genealógico hace años y, bueno, aunque no es fácil encajar esta clase de sucesos que dan la espalda al decálogo de la familia de bien ("honrarás a tu padre y a tu madre", decía alguien), lo cierto es que a día de hoy su ausencia no perturba demasiado el día a día de los demás.

Ninguno eligió ser Alarcón Mosquera y si algunos seguimos siendo followers de esa red es porque no nos desagrada del todo y porque, ciertamente, el roce hace el cariño.

Sin ánimo de ser yo una etnocentrista más, me cuesta imaginarme besuqueando la espalda de mi madre o la de mis hermanos al más puro estilo hoarorani. Quiero decir que, hasta la fecha, no he concebido otro modelo familiar distinto al que me fue impuesto de pequeña porque no he sentido la necesidad de hacerlo, pero ello no exime el hecho de que una pueda plantearse si la familia está realmente sobre valorada en esta nuestra sociedad occidental.

Eso sí, el simple hecho de considerar esa posibilidad me genera ciertos remordimientos y hasta la conciencia me sabe mal, caracoles. Esto debe ser algo cultural también, estoy segura.

lunes 30 de noviembre de 2009

¿Qué no arreglará la paella de mi madre?



Después de esta conferencia, Itziar Ruiz-Giménez y yo acordamos exigir dignidad con una de esas paellas que prepara mi santa madre este fin de semana. Macaco y Amelia tuvieron grandes ideas y, en general, a la gente de Amnistía le gustó lo de “pedir a los Estados que protejan los derechos de los habitantes de asentamientos precarios, que pongan fin a las muertes innecesarias de mujeres por complicaciones en el embarazo y que garanticen que las empresas respetan los derechos de quienes viven en la pobreza” a ritmo de paella.

Era la primera vez que preparábamos una paella con tanta gente y, aunque coordinarse no ha sido nada fácil, me llena de orgullo y satisfacción contarles que ha sido un verdadero placer organizar un arrocito con los de Amnistía. La idea era cocinar una gigantesca paella enfrente de la casa de Moratinos (aprovecharíamos la ocasión para tratar el tema de los recortes en Justicia Internacional, por ejemplo) y repartir raciones por toda la geografía española desde El Caparazón del Caracol, ya saben.

A las nueve de la mañana del domingo ensayamos por última vez la coreografía de “Crece la voz” y acto seguido unos 235 miembros de Amnistía, Macaco, mi madre y yo nos pusimos rumbo al aeropuerto de Socuéllamos. Cuando ya todos abrochamos nuestros cinturones, introduje la llave de contactol, pero el avión no arrancó. Repetí la maniobra. Siguió sin arrancar. Insistí. Volví a insistir.

De repente, noto cómo algo o alguien me da unos golpecitos en el brazo. No se lo van a creer, caracoles: era el ala izquierda del Caparazón del Caracol. Mi cara de poema y yo emitimos un pequeño gritito y, antes de que pudiésemos decir nada, los altavoces se encendieron como por arte de magia y se escuchó esto:

“Vaya por delante que a mí me parece fenomenal todo esto que hacéis con las paellas y demás y no es que no me guste trabajar pero, jo, es que esta tarde... bueno, supongo que ya lo sabréis... ¡es que esta tarde hay Barça-Madrid! Es todo un clásico, oigan , y yo no soy de hierro (principalmente, soy de fibra de vidrio).

Son las 10:30 de la mañana y aún no se sabe qué va a pasar con Cristiano Ronaldo, Messi y Raúl. Como comprenderéis, estoy nerviosísimo y no puedo garantizaros ni una mijita de seguridad. No estoy dispuesto a responder ante las posibles negligencias que, en este estado, pudieran cometer la hélice o el estabilizador horizontal del avión y, por tanto, me veo en la obligación de no despegar. No busquéis intereses personales en mi decisión, lo hago única y exclusivamente por vosotros. Venga, lo dejamos para la semana que viene. No se me enfaden.”

Y eso es todo, amigos. Ni Moratinos ni paella ni baile ni nada de nada. No pudimos exigir la dignidad que merecemos y que merecen todos los que ven vulnerados sus derechos más fundamentales y, por tanto, viven en la más absoluta pobreza:

"Un planteamiento para erradicar la pobreza centrado sólo en el crecimiento económico es insostenible e inútil.

El crecimiento económico es uno de los componentes de toda estrategia contra la pobreza, pero no puede ser el único. Las personas que viven en la pobreza deben poder reclamar sus derechos humanos y ser dueñas de su destino.

Los abusos contra los derechos humanos causan y perpetúan la pobreza. La relación entre las vulneraciones de derechos y la pobreza es evidente. Las violaciones de derechos humanos pueden generar o agravar la pobreza, y a su vez, vivir en la pobreza significa tener más posibilidades de sufrir violaciones de derechos humanos."


Fragmento del Manifiesto de la Campaña "Exige Dingnidad" de Amnistía Internacional.

viernes 27 de noviembre de 2009

Un cuarto propio y algo más




Seamos culturetas por un rato, caracoles. La mujer habitada está llegando a su fin: socorro pido, cuéntenme qué andan leyendo ahora. Denle trabajo a mi Spotify y un placer a mis oídos, por favor, díganme qué música escuchan. A cambio, yo les advierto que si van a "Un cuarto propio" y se dejan tocar por el lugar, es más que probable que no salgan de ahí hasta que no le hayan dicho a la gran Cristina Serrano cuáles son sus cinco libros favoritos.

¿Que aún no conocen la librería “Un cuarto propio”? Pues sepan que si ustedes son de merodear, olisquear y (h)ojear sin ser molestados, seguramente no salgan de ahí en un buen rato y si les va el rollo alternativillo con contenido, tres cuartos de lo mismo: Un cuarto propio es el lugar que todo caracol culipardo estaba esperando. Ahí se lo dejo.

¿Que por qué les hablo de una librería? Porque Un cuarto propio es una librería y algo más. Es un negocio y algo más. Y ya saben, ¡compartir es vivir! Pasen y vean, caracoles, dense el gustazo y ya me cuentan.

Dinero y un cuarto propio, eso es lo que dijo Virginia Woolf que necesitaba una mujer para poder escribir novelas -eran otros tiempos, ya saben-. Viriginia Woolf, la de La Señora Dalloway, la de Las horas, la maestra del estilo indirecto libre, la que quiso ser libre, la que no pudo serlo. La que me ayudó a sobrellevar mi último año de carrera.

Libros ilustrados, pequeña selección de literatura infantil, clásicos recuperados, novelas exquisitas, música, paredes para artistas (no se pierdan “Niños Malgaches”) y talleres (miren, miren). ¿Qué más pruebas quieren? ¿Quieren más? Un cuarto propio es una de esas cosas que pueden hacer que, de noche y de día, Ciudad Real llegue a enamorarte o, al menos, a despertarte la libido.

Y poco más, caracoles. Yo ya he cumplido con mi parte del trato, ahora les toca a ustedes decirme qué andan leyendo y darle trabajo a mi Spotify.

Y para terminar con el post "culturetarrealeño", ¿nos vemos en la presentación de "Autopsia. La revista de la ciudad muert(ecit)a"?

miércoles 25 de noviembre de 2009

El principio de relevancia

Estarán de acuerdo conmigo en que, de no haber sido por la Semántica y la Pragmática, la Lingüística del texto seguiría dándole al estudio de la concatenación de oraciones sin más, esto es, seguiría merodeando en la estructura superficial de las cosas sin llegar nunca al meollo de la cuestión. Por eso y por muchas aventuras más: ¡infinitas gracias, semánticos y pragmáticos del mundo!

Ahora que el texto y el discurso son sinónimos, a los dos se les define como la mínima unidad comunicativa y punto. A partir de ahí, Castilla es ancha y, en función de la intención comunicativa del hablante, texto es todo aquello que el individuo considera “texto”. Cuánta libertad y nosotros sin saberlo, caracoles.

Como el béisbol o el amor, que diría Woody Allen, el texto también tiene sus reglas. La diferencia es que las de la lingüística son un tantito más misericordiosas con el individuo (qué clase de desalmado estipularía que un corredor está obligado a correr si ocupa una base que otro compañero necesita): De esta manera, el principio de cualidad advierte que el hablante ha de dar la cantidad de información precisa, ni más ni menos y el de modalidad, por ejemplo, nos exhorta a ser breves y ordenados y a huir de la ambigüedad.

A mí el que más me gusta es el principio de relevancia. Muy parecido a los anteriores, pero mucho más preciso que todos ellos. Lean lo que dicen D. Sperber y D. Wilson: “todo enunciado comunica a su destinatario la presunción de su pertinencia óptima”, esto es, todo receptor espera que su emisor tenga la intención de ser relevante, de decir algo que contribuya a su conocimiento del mundo sin exigirle un esfuerzo desmedido de interpretación. Cuanto más efecto produzca un enunciado y menos esfuerzo de interpretación por parte del receptor requiera, más relevante será.

¿No les parece fantástico y maravilloso nuestro sistema comunicativo, caracoles? Yo no quepo en mí de tanta satisfacción, ay.

Sería demasiado vil por mi parte irme al discurso de cualquier político, personalidad o personaje para extraer algún que otro ejemplo que muestre cómo el hablante atenta contra el principio de relevancia a cada paso. El que no lleve a un enemigo de la comunicación efectiva dentro, que tire la primera piedra.

-No me lo puedo creer, Nata, ¿vas a salir de este post sin contar que tu sobrina Edurne ha dicho su primera palabra?

-Sí, a partir de ahora voy a ser un caracol pertinente.

-Pues menudo rollo.

-Ea.

-No puedes ir así por la vida, chica. Esto es un blog personal, ¿es que no te das cuenta?

-Maldita sea, tienes razón.

-Claro que tengo razón.

-Jo

Cómo me jode darle la razón, caracoles... En fin: Mi sobrina Edurne ha dicho algo así como “papa”, ya come potitos de verduras y duerme toda la noche de un tirón. La familia Alarcón Mosquera está encantada con tan rápidos y satisfactorios avances. Seguiremos informando.

lunes 23 de noviembre de 2009

¿Qué no arreglará la paella de mi madre?




Recién llegada de Lanzarote les cuento que paella, lo que se dice “paella”, no ha habido este fin de semana, caracoles. Aminetu Haidar lleva en huelga de hambre una semana para exigir libertad y justicia y ni a mi madre ni a mí nos pareció de recibo preparar un arrocito gigantesco en todas sus narices. Durante el viaje, Amelia y yo buscamos desesperadamente un sustituto a la altura de la paella con el que manifestar nuestro firme apoyo a Aminetu Haidar y a su causa (que también es la nuestra) mientras pasábamos un buen rato. Descartados los malabares y la danza de los cinco ritmos, aterrizamos en el aeropuerto de Lanzarote sin ninguna idea consistente en la cabeza y, por consiguiente, con cierta ansiedad.


-¿Qué vamos a hacer, hija?

-No sé, mama. Maldita sea, debimos haber prestado más atención a Saudade cuando intentaba enseñarnos a tocar “Imagine”.

-Sí, hija, sí. Pero no tenemos tiempo para compadecernos: Cayo Lara está a punto de terminar su entrevista con Aminetu, ¿qué hacemos?

-¿La abrazamos?

-¿y ya está? Mujer, hagamos algo más.

-Uy, ¿quién es ese mozalbete? ¡Macaco! ¿Ése es Macaco, mama?

-Eso parece.

-Ay mama, me encanta Macaco. Creo que me voy a desmayar.

-Nata, tampoco creo que sea el momento más indicado para dejar salir a la grupi que llevas dentro.

-Jo, es que me encanta Macaco.

-Pues creo que viene a dar un concierto para apoyar a Aminetu y denunciar su secuestro.

-¿Sí? ¿Estás pensando lo mismo que yo, mama?

-Sí, yo también creo que con el pelo corto estaría mucho más guapo.

-No, mama, no es eso.

Percusión, coros, flauta travesera, viola... Amelia y yo nos subimos al escenario y acompañamos a la banda durante todo el concierto. Dicen que sonó realmente bien y hasta la Haidar se echó unos bailes. Tendrían que haberla visto en “Seguiremos”, “Mundo roto” o “Todos”.

Les cuento que después del concierto, cuando la gente empezó a gritar “Sáhara y Aminetu Haidar libres” y la populista Rosa Díez se anotaba un tanto en el Congreso Nacional de UpyD, Macaco, Amelia y yo empezamos a trabajar los primeros cimientos de lo que estoy segura será una gran amistad.

Hablamos de nuestras paellas y de Saudade. Le confesamos que, sin su música, nuestros viajes ya no eran lo mismo y él no quiso contarnos si sigue o no con Kira Miró, pero sí nos dijo que le encantaría formar parte de las paellas de mi madre y nosotras, encantadas.

Va a hacer un año de la muerte de Saudade en Palestina, caracoles. Difícilmente “Crece la voz” podrá sustituir la magia de las infinitas versiones de “Imagine” de nuestro gitano, no obstante, tanto mi madre como yo estamos convencidas de que Macaco va a aportar un puñado de cositas buenas a nuestras paellas y nosotras, encantadas.

Y ahora me dispongo a firmar esta carta, ¿se animan? ¡Anímense!

viernes 20 de noviembre de 2009

¿Dejamos de comer?

Mi sobrina a Marta le ha aconsejado mi hermano Alberto, su padre, que deje de comer. No es que Alberto adolezca de obesidad mórbida ni nada por el estilo, se trata de que Marta ha interiorizado hasta límites insospechados las advertencias de sus padres, que siempre le recuerdan que ha de comer para poder crecer y ser tan mayor como sus primas:

- Papá, no deberías comer nunca más. Si no comes, no creces y, si no creces, no serás viejo nunca y, por lo tanto, nunca morirás. Deja de comer, papá.

A ver quién es el guapo que le explica a Marta que la muerte por inanición es una de las más tristes y dolorosas...

Sirva esta anécdota para demostrar que, en contra de lo que pueda pensarse, no sólo los adultos invierten gran parte de su tiempo en buscar remedios a cosas irremediables: los niños también lo hacen.

Que pasen un buen fin de semana, caracoles.

martes 17 de noviembre de 2009

A mí que me registren

Confieso que a veces me hago la mujer para conseguir mi objetivo, caracoles. Yo, que tanto me quejo de la discriminación positiva, alguna que otra vez me he librado de cambiar barriles de cerveza o de volver a casa andando echando mano de la supuesta debilidad e ingenuidad que se lo supone al supuesto sexo débil.

Y no les voy a contar la parrafada que le solté el otro día al taquillero de RENFE cuando me presenté en la estación sin carné joven y con el dinero justo para pagar el billete con descuento incluido –ni un céntimo más ni un céntimo menos- porque, además de números rojos, tengo una reputación como caracol que mantener.

También sufro de cambios de humor durante la ovulación y la posterior menstruación. Ésta es quizá una de las cosas ante la que más me ha costado ceder. Pues, ser un caradura es apto tanto para mujeres como para hombres, aunque las estrategias a seguir sean a veces distintas. Quiero decir que el resto de elementos de mi persona que se asocian más directamente al universo femenino son siempre variables y discutibles. Ahora bien, el revuelo hormonal que desencadena el ovulito no fecundado es incuestionable: lo dicen los biólogos, ya saben.

Sin oponer mucha resistencia, acepto mis cosicas de mujer de la misma manera que asumo mis limitaciones para con la cocina, por ejemplo, e intento que ninguna de esas etiquetas se manifieste por encima de las otras: no quiero destacar por ser la peor cocinera de Un mundo mejor para los caracoles y tampoco por ser mujer. A decir verdad, no quiero destacar.

No quiero entorpecer mi discurso con miembras y miembros, con arrobas o con barritas, pero llego a montar en cólera cuando me descubro dando por sentado realidades a día de hoy tan irreales como “el médico y la enfermera”. Porque durante muchos años así ha sido, caracoles: los médicos eran médicos y las enfermeras, enfermeras. Afortunadamente y gracias al esfuerzo de muchas personas, ahora también hay médicas y enfermeros. Y el otro día vi a un señor de la limpieza.

Queda mucho por hacer, claro. Aún hay muchos individuos con ovarios a la sombra de la sociedad que labran el campo a diario dentro del más absoluto vacío legal. Hay muchos sujetos a los que no se les permite ver el abanico de posibilidades que ofrece el hecho de estar vivo y quedan relegados a las paredes de un hogar, también hay otros individuos con vagina que no quieren ver ese abanico y se siguen haciendo las mujeres para conseguir sus objetivos. Porque las dos palabras favoritas del género humano, como todo el mundo saben son "gratis" y "fácil".

Soy consciente de que a veces el movimiento no sólo se demuestra andando, sencillamente, porque hay quien no puede echarse a la calle y ponerse a andar; en ese caso, es necesario detenerse y darle un pequeño empujoncito al asunto, pero, ay, es que a mí me cuesta tanto comulgar con la mayoría de las estrategias seguidas por el movimiento feminista actual que yo no sé. Eso sí, me esfuerzo por defender y practicar el sano feminismo a diario.

Así que no, no soy ninguna enemiga del feminismo y mucho menos de la mujer.