
La familia está sobre valorada, caracoles, ésa fue una de las conclusiones a las que se llegó el pasado sábado en la charla “Modelos familiares y su repercusión social” que organizó CNT.
Se habló de los muchos y variados modelos de familia que pulularon y aún pululan por el mundo. Se señaló la diferencia entre matriarcado y matrilinealidad (nada parece indicar que el matriarcado haya existido alguna vez). Muchos vimos la luz con la concepción del sexo y la sensualidad por parte de los Hoarorani (me he pateado la red en busca de información sobre esta tribu, pero no he encontrado nada medianamente documentado: pueden hacerse una idea aquí). Se cuestionaron mil y un tabúes y se abrió una gran incógnita en torno a la prohibición del incesto.
Podría decirse que durante casi dos horas se quiso ver y se vio la estrecha relación que existe entre la economía y la familia: La familia como sustento, la familia como aval, la familia como inversión, la familia como única vía para llegar a fin de mes...
En cuanto al componente afectivo de las relaciones consanguíneas , lo más que se dijo fue que el roce hace el cariño. Y sin roce no hay cariño. ¿Qué me dicen?
En la familia Alarcón Mosquera impera el amor y la alegría, pero es cierto que no todos los miembros nos amamos con la misma intensidad. Tanto es así que incluso uno de nosotros decidió salirse del árbol genealógico hace años y, bueno, aunque no es fácil encajar esta clase de sucesos que dan la espalda al decálogo de la familia de bien ("honrarás a tu padre y a tu madre", decía alguien), lo cierto es que a día de hoy su ausencia no perturba demasiado el día a día de los demás.
Ninguno eligió ser Alarcón Mosquera y si algunos seguimos siendo followers de esa red es porque no nos desagrada del todo y porque, ciertamente, el roce hace el cariño.
Sin ánimo de ser yo una etnocentrista más, me cuesta imaginarme besuqueando la espalda de mi madre o la de mis hermanos al más puro estilo hoarorani. Quiero decir que, hasta la fecha, no he concebido otro modelo familiar distinto al que me fue impuesto de pequeña porque no he sentido la necesidad de hacerlo, pero ello no exime el hecho de que una pueda plantearse si la familia está realmente sobre valorada en esta nuestra sociedad occidental.
Eso sí, el simple hecho de considerar esa posibilidad me genera ciertos remordimientos y hasta la conciencia me sabe mal, caracoles. Esto debe ser algo cultural también, estoy segura.




