martes, 22 de septiembre de 2009

"No más ropa rosa para Edurne"

He creado la plataforma “No más ropa rosa para Edurne” a fin de proteger a mi querida sobrina de posibles traumas futuros. No contaba con el beneplácito de mi familia a tal efecto (principalmente con el de mi hermana), no obstante, yo soy una persona arriesgada que roza incluso lo temerario, fiel a sus principios y convicciones y una luchadora nata por las causas que bien lo merecen, así que, después de mucho pensarlo, he enviado un escrito formal a Ana recordándole los derechos y deberes que tiene como madre de la criatura y advirtiéndole que sus actos rozan la ilegalidad: aún no se ha prohibido vestir a un hijo casi única y exclusivamente de un color, pero el borrador ya está redactado, créanme.


Y mi hermana me ha enviado un telegrama como acuse de recibo:


DOS OPCIONES TIENES. stop. COMPRAR (Y PAGAR, CLARO) LA ROPA DE TU SOBRINA. stop. O TENER UNA HIJA PARA VESTIRLA COMO TE DÉ LA GANA. stop.


Como viene siendo habitual en casa de los Alarcón Mosquera, Amelia ha tenido que tomar las riendas de la confrontación haciendo de juez e intentando, sin poner mucho empeño en ello, no formar parte del pleito. La experiencia me dice que, en este tipo de situaciones y por razones que desconozco, la opinión de la hija pequeña (que soy yo) no suele ser tenida en gran consideración y, por tanto, intuía que la plataforma “No más ropa rosa para Edurne” saldría escaldada de todo este asunto. Pero la esperanza, amigos, es lo último que se pierde, y yo esperé en mi lado del cuadrilátero con una la firme convicción de que Amelia volvería de la salita con un veredicto favorable a mi noble causa.


Mi gozo en un pozo. Amelia se ha dejado llevar por el discurso maternalista de mi hermana, dibujado con lágrimas de pseudo ofendida y cargado de argumentos tan vacíos como el de que la ropa rosa es más económica. Efectivamente, caracoles, es algo lamentable.


Ahora resulta que es mi hermana la que tiene la última palabra y, si hubiese alguna pequeña posibilidad de hacerla cambiar de opinión, el hecho de que la balanza de Amelia esté a su favor complica el asunto sobremanera. Y es que mi madre también tiene una inexplicable y misteriosa predilección por el color rosa, a pesar ser una persona con buen gusto.


En fin, cuando llegue el momento, invitaré a merendar a casa a mi sobrina para explicarle que yo hice todo lo que estuvo en mi mano, pero no hubo manera de luchar contra esos dos pesos pesados que son mi hermana y mi madre.


¿Esto es todo lo que se cuenta Un mundo mejor para los caracoles? Pues sí, mire usted, esto es lo que había para hoy. Ea


1 comentario:

luna dijo...

mi prima paola es rosa por dentro y por fuera.

lucharemos por un futuro, al menos, violeta.




gracias, un beso lunar.