lunes, 10 de agosto de 2009

¿Qué no arreglará la paella de mi madre?

“Si hay una fecha que recuerda que Italia ha sido un país de emigración es la de ayer. El 8 de agosto de 1956 morían en una mina del pueblo belga de Marcinelle 262 trabajadores, entre ellos 136 italianos. Y ayer, mientras el presidente de la Cámara de los Diputados, Gianfranco Fini, rememoraba en Bélgica la mayor tragedia de la emigración italiana tras la II Guerra Mundial, en Italia entraba en vigor el delito de inmigración clandestina.”

Lamentable coincidencia, ¿verdad? Lo leí en este artículo de El País


Me da no sé qué contarles, pero creo que ha llegado el momento de que ustedes también sepan que Amelia y yo no sólo alojamos bondad y amor en nuestros corazoncitos. A veces perdemos la fe en nuestras paellas y a veces es tanta la rabia que sentimos, que el arroz nos sabe a todo menos a arroz, ¿se imaginan? Así es, caracoles, un arroz que no sabe a arroz.

Cuando esto pasa, mi madre y yo tenemos que hacer un gran esfuerzo para transformar la indignación en buen rollito y montarnos en El caparazón del caracol convencidas de que siempre será mejor hacer una paella que no hacerla. Y lo mejor de todo es que, por lo general, solemos volver a casa medianamente satisfechas, convencidas de que el efecto del arroz de Amelia es a largo plazo ya que actúa en lo más profundo del alma de cada comensal y eso tarda es destilar, es normal.

Sin embargo, como les digo, a veces perdemos la fe y no hay paella que valga para calmar nuestra rabia y es por eso que se nos ha ocurrido incluir una cláusula en el ritual de arroz de fin de semana.

Ambas hemos coincidido en tomar siempre como primera opción la tradicional paella, con el componente fraternal y festivo que ello supone. Nos hemos comprometido a hacer todo lo posible por buscar y encontrar el yin o el yang que nos haga creer que esa paella en potencia supondrá un paso más en la construcción de un mundo mejor para los caracoles.

Ahora bien, si a partir de ahora Amelia y yo no llegamos a dar con el yin o el yang en cuestión y nuestros propios argumentos logran convencernos, podremos optar por el paellazo en vez de por la paella. Vaya por delante que somos personas pacíficas y, por lo tanto, bajo ningún concepto el paellazo podrá incurrir en la violencia. El paellazo será siempre una inofensiva chiquillada porque, en el fondo, mi madre y yo no somos más que unas chiquillas.

Así las cosas, sin más dilación les cuento que, este fin de semana, Amelia y yo hemos vuelto a la Italia en la que conocimos a Saudade con la esperanza de encontrar, siquiera en el último momento, el ying o el yang que nos hiciese creer que una paella ahí supondría un paso más en la construcción de un mundo mejor para los caracoles. Sin embargo, el olor a mierda y a fascismo era tan intenso y sobrecogedor, que dejamos de buscar un yang o un yin: ¡Marchando una de paellazo!

Sobrevolamos a ras del paquete de seguridad con todas sus patrullas ciudadanas, sus multas de entre 5.000 y 10.000 euros para los individuos sin papeles y demás complementos; abrimos la puerta principal del Caparazón del caracol y lanzamos una tonelada de arroz chamuscado encima del tal paquete.

Y por si no lo leyeron al principio, se lo vuelvo a copiar, caracoles:


“Si hay una fecha que recuerda que Italia ha sido un país de emigración es la de ayer. El 8 de agosto de 1956 morían en una mina del pueblo belga de Marcinelle 262 trabajadores, entre ellos 136 italianos. Y ayer, mientras el presidente de la Cámara de los Diputados, Gianfranco Fini, rememoraba en Bélgica la mayor tragedia de la emigración italiana tras la II Guerra Mundial, en Italia entraba en vigor el delito de inmigración clandestina.”

Lamentable coincidencia, ¿verdad? Lo leí en este artículo de El País

3 comentarios:

ottoreuss dijo...

Nat, qué te parece este reportaje¿? http://www.saharalibre.es/modules.php?name=News&file=article&sid=2917

nata dijo...

Bueno, parece que la cosa va pintando mejor. Al menos, el nuevo mediador enviado parece ser neutral y no sólo ha querido que todas las partes se sienten a dialogar, es que además lo ha conseguido. A diferencia de su antecesor, que se decantó claramente por Marruecos sin apenas escuchar la voz del Sáhara.

Esperemos que al final todas estas negociaciones no acaben siendo una farsa vestida de decomocracia.

nata dijo...

En cuanto al reportaje, es toda una inyección de fe leer:

"Sin embargo, más que pedir ejercer un sentido de venganza o frustración, estamos preparados a comprometernos con Marruecos y entablar discusiones abiertas sobre nuestro futuro común. Ésta es una política arraigada."

Pero, claro, unos siguen pidiendo autoderminación y otros, regalando autonomía...