viernes, 23 de octubre de 2009

A palabras necias, consuelo de tontos

Ojos que no ven, con gusto no pica. ¿Qué me dicen de los refranes, caracoles? Al buen entendedor, le llueve sobre mojado y a quien madruga, cien pájaros le caen en la mano. A mí su vulgaridad se me antoja tan repelente como atractiva. Es algo así como una relación simultánea de amor y odio, no sabría explicarles.

El caso es que no gusto de aderezar mis reflexiones con semejantes sentencias porque, a mi juicio, condensan y simplifican la realidad hasta límites insospechados. No obstante, reconozco que suelo recurrir al refranero popular con más frecuencia de la que me gustaría. Y es que a veces me resumo en un refrán, caracoles.

Dime con quién andas, todo son pulgas. Lo mejor es reinventarlos, siquiera para pasar el rato. Va a ser peor el remedio que la cuenta nueva. Borrón. Sobre gustos, corazón que no siente.

-¿Me puedes decir cuál es la finalidad de esta entrada, Nata?

-La pura recreación en la palabra, supongo.

-Interesantísimo. Sí, señora.

-En boca cerrada, que mal acompañado. Déjame en paz.

-Venga, anda, déjalo ya.

-No hay cosa más rica que rascarse cuando pica.

-Pues claro que sí, mujer. Rascarse cuando pica, no hay cosa más rica. ¿Nos vamos a dormir?

-Sí.