martes, 10 de junio de 2008

Entre Góngora y Córdoba

Supongo que necesitaba un retiro espiritual para enfrentarme a un lunes anegado por las aguas y con una huelga de transportes que, si bien me parece justa y necesaria, ha complicado sobremanera mis ocho horas de jornada laboral atendiendo las quejas de los clientes de DHL express (ya les había dicho que el Teléfono de la Esperanza no está operativo los lunes, ¿verdad?).

No obstante, kyezitri tiene más razón que un santo con aquello de "¿retiros espirituales? ¿Para qué?". Supongo también que tantos años con el pin de estudiante me han marcado con el estigma de la “examinitis”, con la tendencia a la concentración y al análisis, aunque existe una gran diferencia entre la examinitis de mi época estudiantil y la examinitis de ahora: el resultado final o lo que queda, como gusten. Como ya saben, a pesar de Jhon (p., esa hache está ahí colocada adrede con el propósito de que ese imbécil se percate de lo que soy capaz de hacer), el resultado de mi retiro espiritual, del examen de mi entorno a través de la meditación, concluyó con excelentes resultados y me reportó la paz suficiente como para poder soportarme hasta el próximo chequeo. Y esto, ni nada que se le parezca, podría decirlo de la examinitis de mi época estudiantil.

Claro que en la UCLM he aprendido cosas que me han abierto horizontes nuevos: jamás olvidaré que Góngora nació en Córdoba gracias al paralelismo que existe entre las vocales de las dos palabras y, en fin, almaceno una gran cantidad de información que, indudablemente, me facilita la agradable vida en este mundo tan asquerosamente corrompido. Si hubiese estudiado Historia me reiría más a gusto de Godoy, aquel buen hombre que cambió España por un cromo allá cuando Napoleón entró en la península; si Filosofía, me creería más kantiana, etc. ¿Y qué hago yo con todo eso ahora? Sin ser yo ninguna interesada y valorando en su justa medida el arte por el arte, el conocimiento por el conocimiento y blablablá, hay que ver lo poco que se parecen las aulas de verdad a las del Club de los poetas muertos. Jo.

No me malinterpreten, no voy a venderles el discurso de que si volviese a los dieciocho no estudiaría una carrera universitaria. Ya intenté vendérmelo a mí misma hace un tiempo y no coló. Ignoro si elegí o más bien acerté prolongando mis estudios una vez acabada la “educación” obligatoria; eso sí, haciendo un análisis en negativo del asunto, creo que el camino seguido no fue del todo equivocado si tengo en cuenta la alternativa que se me presentaba: no tuve que prostituir mi esfuerzo a los dieciocho, he tenido la suerte de poder aplazar el comercio con mi cuerpo y con mi espíritu hasta los 23 años.

Y no digo esto porque ahora tenga un trabajo basura con un sueldo insultante y un contrato que ni tan siquiera contempla los días de asuntos propios, sino que espero decirlo igualmente el día que llegue a ser profesora en un instituto público. A pesar de mi inquebrantable fe en la (bien entendida) educación como herramienta para construir un mundo más habitable, estaré prostituyendo mi esfuerzo a cambio de un buen sueldo y una barbaridad de vacaciones. “Calidad de vida” creo que le llaman a eso, no sé. Y de eso no me libra ni dios pero, ojo al dato, que quede constancia de que gracias a esos cinco años de troncales y optativas hoy puedo asumir que no tengo más remedio que prostituirme. A grandes rasgos, ese período de limbo que suele ser la universidad me ha servido para lo que les digo. Y no es poco.

1 comentario:

kyezitri dijo...

¿kyezitri, retiro espiritual, santo?
mmmmmmm
jejeje

horizontes nuevos, pero no olvides que este planeta es redondo

prostituirse no es malo; lo es ser una puta barata

enlazada quedas desde mi sitio