martes, 8 de julio de 2008

Y me gustaba Dj Pastis

Salir a la calle como si acabase de echar un buen polvo y la posibilidad de reinventarme, éstos han sido dos de los grandes temas de conversación que han hecho de mi época universitaria un verdadero período de aprendizaje. Como el primero se explica por sí mismo, me voy a centrar en el segundo –aunque tampoco necesita de muchas aclaraciones-

¿Alguna vez se han planteado la posibilidad de trasladarse a un lugar donde no conozcan a nadie y reempezar desde el cero más absoluto? Yo he perdido la cuenta de las veces que barajé esa opción hasta que mi amiga Sonia me informó de que ese era uno de los principios de la esquizofrenia. ¡Exagerá!, le dije a Sonia y, desde entonces, pienso en esa idea intentando convencerme de que no me seduce lo más mínimo.

No es que no me guste lo que soy, ya he dicho en más de una ocasión que no me caigo del todo mal, pero no me negarán que la experiencia está pidiendo a gritos que la experimenten. Plantar las maletas en algún sitio y decir “Hola, me llamo Lucía. Tengo 30 años muy bien llevados, soy astronauta y acabo de llegar de una expedición en la luna. Me quedaré en Oporto tres meses para descansar y dedicarme a lo que realmente me gusta: coser”.

En los bancos de la facultad nos referíamos más bien a reinventarnos de tal forma que conservásemos nuestra esencia al mismo tiempo que fusilábamos nuestros fantasmas de un solo golpe (cada uno los suyos, claro). Los demás, las nuevas personas que nos acompañasen en ese nuevo lugar, nunca sabrían que alguna vez tuvimos miedo de los perros o del amor porque alguna vez un perro nos mordió y nos pisotearon el corazón.
Pues eso, reinventarse.

¡Cuántas personas podríamos llegar a ser!

La idea, insisto, aún se me antoja atractiva y no descarto plantarme un día de estos en Estambul vestida de Luis, jugador de ajedrez profesional jubilado anticipadamente por una lesión en la rodilla; sin embargo, a día de hoy, la experiencia me dice que ese proyecto es muy poco viable. Siempre acabamos delatándonos.

Yo lo he vuelto a hacer, caracoles, ¿quién iba a pensar que esta criatura que les escribe se desvivía por el techno house a sus quince primaveras? Quiero pensar que, a día de hoy, no lo pensaría nadie; es más, me gustaría que nadie supiese de ese episodio oscuro que envuelve mi pasado y, al mismo tiempo, no puedo evitarlo: siempre acabo confesando que fui bakala tiempo ha.

Podría inventarme árboles genealógicos, podría ser una hija bastarda de nuestro ilustrísimo rey, podría haber sido la una en vez de la otra dentro de un triángulo sentimental o haber vivido rodeada de perros toda mi vida... podría muchas cosas pero siempre acabaría delatándome. Y eso que, por más miserias que les cuente en esta página, yo soy de esas personas medianamente reservadas con corazas infranqueables. I can´t believe it, siempre acabo dando pistas.

Hubiese sido tan fácil evitar las simpáticas burlas de mis compañeros de piso… Tan sencillo como decir que las primeras bandas sonoras de mi vida fueron de los Rolling Stones cuando me tocó hablar de mis primeros grupos.

No se trata de honradez o sinceridad; bien pensado, este tipo de situaciones no son analizables dentro de esos parámetros. Supongo que se tratará de humanidad. Y es que, de alguna manera, todos somos transparentes; otra cosa muy distinta es que todos seamos permeables. En fin, mostrar las miserias o los fantasmas que nunca llegan a desaparecer del todo también tiene su encanto, ¿no?

8 comentarios:

Anónimo dijo...

Nata, todos tenemos un pasado... Y hay que aceptarlo. Como "anécdota de viejecita", te contaré que mi secreto mejor guardado fue mi época de copla. ¡Agárrate! Yo, la "cultureta" que ve las películas en VO, la que es capaz de mezclar a Chucho, The sundays, Muse... con Miliki para que mi hija tenga un bagaje musical rico. ¡Je, je! Pues tuve mi época de copla (la Piquer, la Flores, Reina, etcétera). Pero como todo secreto acaba descubriéndose, mi hija (ese pequeño renacuajo que no sabe estar calaldo ni siquiera cuando duerme)me avergonzó delante de mis amigos en una fiesta, soltando por su boquita, cuando se le preguntó qué canción le gustaba más: "Qué tiene la Zarzamora que a todas horas llora...". ¡Y entonces deseé que la tierra me tragase! Te puedes imaginar las risas, las bromas y demás. Y todo lo que arrastro desde entonces.
¡Ah! Pero no reniego de mi pasado, lo único que ahora sólo canto "La Zarzamora" cuando estoy sola. ¡Ja, ja!

Así que entre tu etapa bakala o la mía coplera, la tuya es más "cool". ¡Ja, ja!

P.D.: Cómprate el vestido de la boda ya.

Besitos,
Bea.

Iza dijo...

Las mejores cosas (pelís, libros, noticias, entradas de los blogs) son las que unx se dejan boquabiertx. Con ganas de decir algo, comentarlo pero sin poder articularlo propiamente.

Pues eso.

nata dijo...

Jaja Bea, eso no lo hubiese imaginado en la vida. ¿coplera tú? Vaya tela...

Oye, pues tienes que ser una madre de la hostia. Vaya, no es que no lo había dudao pero ese bagaje que dices lo confirma.

Por cierto, que no se me olvida Toledo, eh. Un abrazo, Bea

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Jo, pues sin palabras me dejas, Iza. Gracias :)

Anónimo dijo...

El día que te conocí, en nuestra primera fiesta de la calle Libertad.. fue lo primero que pensé: ésta es bakala..

vamos, que me parece a mí que duró algo más que hasta los 15..

jejej

Laurita.

nata dijo...

De poco serviría negarlo a estas alturas, ¿verdad? El plumas me delataba... Pero de los dieciocho no pasó, que conste :)

Laurita!

sin anchoas dijo...

a mí me gusta barbara streisan (aunque no sepa cómo se escribe su apellido) y lloro con el diario de Patricia o sucedáneos. Y lo que es peor, cuando retransmiten en televisión eventos multitudinarios; desde lo más lógico, por ejemplo una manifestación en contra de ETA hasta lo totalmente incomprensible, como una procesión de semana santa, manadas de ñus emigrando en busca de agua o los sanfermines.

nata dijo...

oh my god, ¿bárbara estreisan? Lo tuyo es peor, eh. Yo tampoco sé cómo se escribe así que me solidarizo contigo añadiendo una e al principio :)

Montse dijo...

No es que fueras bakala, es que lo sigues siendo porque lo que fuimos nos permitió ser lo que somos y condicionará lo que seremos. Y si ser Bakala ha permitido hacer una Nata como la que ahora leo en este blog, pues !arriba l@s bakalas!

(Ahora en voz baja, yo conocí a esa Nata Bakala, ¡no ha llovido ni na' desde entonces)

Saludos, Montse