miércoles, 25 de febrero de 2009

El que espera, desespera

Si les digo que alguien es un vacante, ¿qué es lo primero que se les viene a la cabeza, caracoles? Yo me empeñé en pensar que se trataba de una persona que está de paso y creo que, de utilizar ese calificativo en español, lo haría siempre para referirme al sujeto en cuestión. Él es el vacante, el esporádico, el efímero, el que no tiene un sitio fijo. Bien, pues, resulta que en alemán los vacantes son los otros. Vacante el conocido de la escuela, vacante aquel con el has charlado unas cuantas veces pero no las suficientes como para que sepa que detestas que la gente masque chicle con la boca abierta. Que detestas que la gente masque chicle. Vacante sería aquel que acompañó al sujeto en cuestión durante su estancia en Edimburgo. El que pasó por tu vida sin quedarse y sin que ello provocase el mayor trastorno en tu día a día. La vacancia es algo generalmente aceptado.

Nuestras amistades fueron vacantes antes que amigos, quiero decir que no necesariamente se comienza una relación de vacancia sabiendo que será eso, una vacancia. Algunas de ellas están limitadas a una circunstancia muy específica que dificulta la continuidad del trato entre las partes implicadas.. A veces se intenta extrapolar y extender dicha relación hasta el infinito pero ninguna de las partes, consciente o inconscientemente, tiene un especial interés en ello por motivos varios, generalmente porque supone un esfuerzo por el que no nos apetece esforzarnos.

Yo nunca fui a un campamento pero me imagino que los adolescentes que sí fueron hicieron buenas migas con gente de vete tú a saber dónde, algunos llorarían en la despedida y todo: “no te voy a olvidar nunca”, “te escribiré una carta todas las semanas”, “iré a visitarte”. Generalmente se dicen esas cosas que rara vez llegan a cumplirse porque, insisto, suponen cierto esfuerzo y porque esas personan ocuparon un lugar en un momento muy específico de nuestras vidas y recolocar su presencia en nuestro día a día es harto complicado. Dos semanas de campamento, tú me dirás…y esto no sólo pasa en la adolescencia, también en la madurez y supongo que los viajes del Inserso tendrán lo suyo.

Sin embargo, como les digo, nuestras verdaderas amistades fueron vacantes antes que amigos. Quizá la situación específica que unió nuestros caminos también fue efímera pero esta vez las partes implicadas decidieron esforzarse por buscar otros senderos con los que seguir al lado de los que fueron nuestros compañeros efímeros en aquel determinado momento. Y nos esforzamos sin sudar ni una gota porque, en realidad, no nos costó ningún esfuerzo.

Pienso en los conocidos, en los vacantes y en los amigos que tuve durante la universidad. Con los primeros mantengo una relación cordial, es decir, si nos encontramos por la calle, nos saludamos, nos preguntamos por la salud y el trabajo y nos deseamos lo mejor. Desear es gratis. Si coincido con los segundos, puede que nos tomemos un café o una cerveza y charlemos largo y tendido sobre literatura, Ciudad Real o nuestros años universitarios. Y con los últimos directamente no coincido porque, esté donde esté, ellos forman parte de mi día a día. Eso no quiere decir que hable con ellos todos los días (aunque hable con ellos casi todos los días). Somos, ya lo dijo Otto en su momento, compañeros de vida.

¿Por qué no todos mis vacantes se convirtieron en amigos? ¿Cómo fue que algunos de mis vacantes escaparon de lo efímero y se adentraron en lo infinito para ser eso, compañeros de vida? Selección natural, supongo. Las cosas de mis amigos me alegran, me duelen o me interesan más que las de mis vacantes y es normal. Existe una jerarquía en las relaciones humanas, cada cual establece el orden a su antojo pero el orden, la pirámide, existe. Y pretender negarla es auto destruirse a uno mismo.

A veces es una verdadera putada tener esa escala porque a veces quien para ti ocupa uno de los primeros puestos del ranking, a ti te tiene colocada en un doloroso y humillante puesto intermedio. Otras veces, las partes implicadas ocupan lugares similares en sus respectivas pirámides pero puede que esos lugares tengan naturalezas distintas y concepciones de la compañía de vida igualmente dispares. Y en muchas de esas ocasiones uno intenta ser racional para encajar este desajuste de la manera menos traumática posible pero no siempre lo consigue y, dependiendo de la posición lunar o del ciclo menstrual, ese alguien adopta posturas más o menos tristes.

Existen límites por todos lados y muchos de esos lados están fuera de nuestro territorio, están dentro del territorio individual de la persona que tenemos enfrente. Y no esperar nada de nadie puede parecerles desolador así escrito pero, si uno piensa en la auto suficiencia que ciertamente existe, encontrará la manera de interactuar con conocidos, vacantes, amigos, amantes o familiares sin esperar nada de nadie y sin llegar a adoptar posturas ni más ni menos tristes respecto a esos otros individuos.

Nos creemos una necesidad del otro que no tenemos. Claro que no es bueno vivir aislado y es que por ahí no van los tiros, caracoles. La necesidad del otro de alguna manera existe pero no en la manera en la que nos empeñamos en creer. Busquen la salud para con el otro y encontrarán un cachito de paz y felicidad, ay.

2 comentarios:

inma dijo...

pos no esta llena mi trayectoria de vacantes ni na, desde las vacantes de mis clases de ballet, de las de acordeón, de las de inglés, de las de mecanografía, de las de la escuela de verano, de las de los escondites en los jardinillos, de los campamentos al sahúco, de las fiestas de los pueblos, de los viajes a la playa, de los camping con mis padres, de los viajes a grecia, de mi erasmus en italia, de mi paso por CR, de la resi, de los pisos, de los botellones, de Chile....
y ahora de China...
(y una pereza... que da mantener las relaciones... pero las buenas ahí quedan, y no hay que esforzarse, están y están)

besos de gamba paellera

Montse dijo...

Nata, ¡qué interesante sería tenerte ahora como alumna de filosofía o de psicología. Un saludo ¿vacante o amigo? jajajaja.

Montse