martes, 8 de abril de 2008

De universos caprichosos


Todas las personas que han probado el peyote en los alrededores del desierto de Sonora (México) coinciden en una cosa: cuando estás en el viaje te das cuenta de que si murieses en ese instante no cambiaría absolutamente nada; el mundo seguiría en sus trece, la gente ni se inmutaría y tu gente acabaría readaptándose a la vida sin ti, que no eres pieza fundamental. Ni tú, ni nadie.

Todos los que han probado esta planta dicen tener un antes y un después en su vida y su actitud hacia las grandes incógnitas (véase la muerte o el porqué estamos aquí) es distinta. Algunos antes no habían reparado en estas cuestiones, otros estaban angustiados por tanto sinsentido, otros… bueno, hay tantas posturas como colores, como personas. El caso es que, por norma general, después de probar el peyote todos están mucho más relajados y asumen lo inefable o lo desconocido con una actitud humilde y desconcertada pero tranquila.


Esta gente tiende a ser más indulgente con su pasado y con su presente. No se castigan por esos grandes errores cometidos o por las malas decisiones tomadas: dentro de una totalidad todo eso no sólo es nimio, es ridículo.
A mí me parece una buena terapia para protegerse de la agresividad del entorno en todos sus niveles.

La memoria es un universo caprichoso, ¿no creen? Selecciona a su antojo los recuerdos que, de alguna manera, determinarán nuestros siguientes pasos. Lo jodido es que dependiendo de factores como el estado de ánimo o la actitud esa selección natural puede serle más o menos favorable al individuo. Bien podríamos hacer de la memoria una planta de peyote para relativizar nuestras vivencias e insertarlas dentro de la totalidad de nuestra vida. Estoy segura de que si yo hiciese eso no me empeñaría tanto en decir que no he sido una niña feliz en Socuéllamos, por ejemplo.

En las conversaciones de cocina, mi madre no ceja en su empeño de recordarme esos momentos en los que lucía una sonrisa infinita cuando ella me hacía suavitos en la espalda (la misma que luzco cuando lo hace ahora) y también incide en las sonrisas efímeras y puntuales cuando Carolina Casas, amiga de la infancia, se venía a nuestro bar después de clase y jugábamos hasta que mi madre llegaba con el bocadillo de nocilla. ¿Se pueden creer que no me acuerdo lo más mínimo de aquello? No deja de ser curioso que sea una persona externa la que te traiga a la memoria los recuerdos de tu vida, incluidos los momentos en los que esa persona externa no ha participado.

Cuando no quiero que mi madre gane el duelo le contesto que si no me acuerdo de todo eso es porque no lo disfrutaría tanto como ella piensa, como ella veía desde fuera. Seguro que por dentro estaba maldiciendo este pueblo de cromos idénticos y por eso apenas pienso en Carolina. Otras veces, cedo. Sí, madre, supongo que habré sido feliz o, al menos, no tan desgraciada como me empeño en creer.

En realidad, ya me da igual confirmar si fui o no fui feliz en mi infancia. El caso es que, por una ilusión de equilibrio, engaño al capricho de mi memoria con buenas palabras para que se abra y deje entrar a los recuerdos de mi madre, con nocilla incluida.

¡Nerea cumple 6 años hoy!


Que tengan un buen día, caracoles

4 comentarios:

Anónimo dijo...

COMENTARIO FUERA DE LUGAR (se me pasó el día):
Si te lo montas muy requetebien, con 1250 euros haces Chile, Atenas y Florencia.
Si te lo montas requetebien, haces Chile pasando por Méjico para tener una justificación de que has seguido alli y que luego las convalidaciones no son las justas.
Si te lo montas bien, consigues que no se percaten: podrías invertir algo de ese dinero en un poco de peyote para Ana y para la Ori en general y que ellos también consigan ver el mundo con otro punto de vista y consigan relativizar la gravedad del asunto.
Si te lo montas, simplemente, te vienes a verme por cuatro duros y no te hacen falta ni becas.
Pero si no te lo montas, estoy dispuesta a encapucharme y atracar los bancos que hagan falta para irnos a Chile, a Atenas, a Florencia a donde más te apetezca, sobre todo a ese futuro incierto que se nos avecina donde necesitamos un dinero que no sabemos de donde sacar.
Ahora elige la opción correcta y ya me avisas para la cruzada.

Y sí, soy yo, y lo sabes.

Anónimo dijo...

Ya os podíais volver locas de verdad.

Felicidades, Nerea.

Pero podemos no salirnos ninguna con la nuestra y vernos en... ¿cuál es la capital de Paraguay? ahí mismo.

Por una ilusión de equilibrio, bello recuerdo.

Anónimo dijo...

Asunción!

P. dijo...

Las sandalias son las únicas guías del peregrino.

Pasa, Aurora, que algo queda.

Mitrídates siempre quiso ser bombero a tiempo parcial. Or a part-time lover. Or "a working class hero... is something to be".

Ya sabes que, ¡Recuerda!, ¿impíos? No, sólo pellizquitos en las orejas.

Mándame la recaudación de las girólivas autogiras.

Evohé!

(Pastiche, pero con cariño ¿eh?)