lunes, 7 de abril de 2008

Toma el dinero y corre

Son las 7.30 de la mañana de este lunes 7 de abril de 2008. El primer pensamiento del día tiene forma de observación “Mierda, las condiciones climáticas me son adversas. Mala señal”; el segundo, de pregunta “¿Qué vas a hacer con el dinero, Nata?”. Son las 8 de la mañana, el mar de dudas en el que navego me pone filosófica y asquerosamente trascendental; pienso en el destino, en la suerte, en cómo la vida puede dar un giro completo sin que tú tengas nada que ver en ello y recuerdo la mañana del pasado viernes 5 de abril de 2008 cuando, de camino al banco, nada indicaba que habría un antes y un después en mi vida tras adentrarme en Caja Castilla-La Mancha:

Me disponía a repetir el acto mecánico que supone interactuar con una tarjeta de crédito en un cajero. La misma angustia de siempre, la mano derecha pulsando la contraseña y la izquierda cruzando los dedos.
Hasta ahí todo era normal, lo mágico (o lo terrible, aún no sé) vino cuando mis ojos toparon con el extracto de la cuenta y vieron la siguiente cifra al lado de “saldo disponible”: 1258 euros. Mis manos empiezan a temblar, mi cabeza gira hacia un lado y hacia otro y mi boca no para de emitir carcajadas y grititos que no dejan indiferente a nadie. El director del banco me mira y yo, desconcertada, le sonrío agradecida, ¿quién me asegura a mí que no ha sido ese apuesto caballero la persona que ha decidido poner fin a mi lamentable situación económica ingresando 1250 euros en mi cuenta corriente? Nadie.
Salgo a la calle con una satisfacción sólo comparable a la que producirían 17 orgasmos juntos o haber hecho del mundo un lugar justo y habitable; no obstante, esta sensación dura poco. De repente me invaden un sinfín de necesidades que hace cinco minutos no eran tal cosa. Sencillamente no eran, no existían. Lo primero que tengo que hacer es comprar un buen regalo de boda a mi hermana (además de la cafetera que ya tengo apartada en los chinos del centro), luego voy a solventar los gastos ocasionados a mis padres por estas semanas de hospedaje (con 100 euros será más que suficiente) y también quiero apuntarme a la autoescuela para tener todos los carnés que haya de la A a la Z (patinete, camión, ambulancia, aeroplano… los necesito todos). Ah, y esta tarde empiezo a estudiar la manera de autopublicar mis obras.

Cuando llego a casa estoy completamente agotada de tantas cábalas como he hecho en el camino de vuelta y, tristemente, reparo en que ni tan siquiera me he fijado en los niños que salían de la escuela ni en las flores de los almendros, que ya están en su máximo esplendor; y es que, durante mi regreso, no he hecho otra cosa que sumar y restar encajando las necesidades que me sobrevenían a cada paso. Los ricos nos volvemos insensibles al entorno muy rápidamente. No, señor, yo no quiero esta vida para mí.

Supongo que lo que me pasa tendrá que ver con el hecho de que el ser humano vive siempre insatisfecho. El caso es que, antes de ser rica, vivía mucho más tranquila, mis inquietudes estaban ligadas a cuestiones más, digamos, intelectuales y sólo alguna que otra vez me compadecía de mí misma por no tener ni un duro. Este fin de semana pensar en qué invertir mi capital y qué comprar me ha robado un valioso tiempo destinado a disfrutarlo para conmigo.

Por otro lado, recuerdo hay quien dice que la verdadera independencia viene cuando disfrutas de la independencia económica. Sin embargo, esta consideración no acaba de convencerme del todo; cierto es que esos ceritos en la cuenta te permiten suplir unos gastos disfrazados de necesidad que, dicen, mejoran la calidad de vida. Pero, caracoles, no dejo de pensar que yo vivía muy independientemente hasta el viernes por la mañana.

No me considero especialmente caradura por el hecho de que sean mis seres queridos los que se encarguen de cubrir esas necesidades que se le suponen a todo individuo. El único inconveniente es que son ellos los que deciden cuáles son mis supuestas necesidades porque, como les digo, no soy tan caradura: yo no pido pero, si me dan, acepto encantada.

Por ejemplo, mi madre se preocupa de comprarme ropa (acorde con mi estilo y todo, a pesar de que lo detesta con todas sus fuerzas) y mi hermana suele depositar 20 eurillos en mi estantería cada semana y ¿qué les doy yo a cambio? Pues yo les doy alegría. Lo digo completamente en serio. Cada cual aporta lo que puede, lo que sabe o lo que tiene.

Soy consciente de que, si todos pensasen como yo, este mundo de ahora no funcionaría muy bien; bueno, más bien no sería este mundo de ahora. Pero, en este mundo de ahora, no me crea el más mínimo conflicto no sentir la necesidad de adentrarme en el mamoneo laboral a bocajarro y vivir de la caridad de mis seres queridos. Me tengo por una persona independiente, autosuficiente y libre, aunque no pueda disfrutar de algunos de los caprichos que oferta este mundo de ahora como viajar, ir de concierto en concierto o pegarme todas las fiestas que me apetecerían porque, insisto, mi morro no es infinito, es efímero.

Por eso acabaré entrando en ese juego que han creado ellos; lo haré, claro que lo haré, pero tranquilamente y a mi manera. De momento estoy en otros menesteres y tengo la suerte de tener una madre que es la repanocha, aunque interrumpa mis rituales para mandarme a comprar tocino.


Y dicho esto, ¿qué coño hago con el dinero? Pensé en devolvérselo al director del banco o no hacer cuenta de él hasta que verdaderamente lo necesitase a modo de aorro (¿se escribía así?), también podría gastármelo todo este fin de semana para acabar cuanto antes con el quebradero de cabeza… Barajé muchas opciones hasta que la Universidad de Castilla-La Mancha apareció en forma de iluminación. Con toda la nitidez que puedan imaginarse, escuché la voz en off de Inma, la funcionaria de relaciones internaciones, diciéndome “Natalia, te hemos concedido la prórroga de la estancia en México para el siguiente semestre” y me acordé de que yo me callé como una puta a pesar de saber de sobra que no podría disfrutar de esa beca ya que mis estudios, para lo bueno y para lo malo, habían finalizado. Por si las moscas, me dije.

Los caracoles Otto y Alicia me han dicho que nada de silla eléctrica si me pillan. Lo único que puede pasar es que retiren el dinero de mi cuenta y santas pascuas; y si por alguna remota casualidad no tengo dinero en la cuenta tendría un plazo de seis meses para devolverlo.

¿Qué harían ustedes? Hoy tengo que decidir si echo mano de la cuenta suiza que abrí hace un par de años (también por si las moscas ─no hay nada como tener cubiertas las espaldas─) o les doy unos mesecitos de plazo a los de la universidad para que reparen en su error, lo que supondría tener la miel en los labios sin poder saborearla.

La opción de confesar está fuera de concurso. El silencio alguna que otra vez puede ser una respuesta pero convengamos que en este caso no: servidora, en ningún momento, confirmó a Inma que volvería a México. Ella debería haberse puesto en contacto conmigo antes de ingresar alegremente esa cantidad de dinero y no lo hizo, no es mi problema. A mí también me cuesta asumir que sólo yo soy responsable de mis actos pero es lo que hay, somos adultos y Santa Rita, Rita, lo que se da no se quita.

6 comentarios:

P. dijo...

Jeje, te veo con los grilletes ¿Y si te vas de viaje a méxico?

Anónimo dijo...

O a Chile.

so

Anónimo dijo...

o a Atenas...


ro



ah, no, que ya viniste...

Entonces... devuelve el dinero, zorra

P. dijo...

Jajaja. Siempre puedes dar salida a esa vena filántropa, solidaria y comprometida y ayudar a un probe pobre: "Dame aaaargo"

Montse dijo...

Me encanta cómo escribes, me encanta tu tono irónico y desenfadado, me encanta ver cómo has progresado desde que te conocimos en 4º de ESO. ¿Pero lo que dices es verdad? Pues entonces flipo un poco, ya sabes que yo soy muy kantiana y el imperativo categórico te dejaría claro qué tienes que hacer.

Saludos, Montse

PD: Lo mejor de todo, tu madre y tu hermana y el sentimiento que hay entre vosotras, para todo lo demás, master card.

nata dijo...

Aún no he decidido, chicos... el problema de México es que no puedo matricularme en nada.

Chile, Atenas o Florencia...

La opción de devolverlo alegremente no entra en mis planes, ro.

Por supuesto, lo mejor de todo, mi madre y mi hermana. :)