domingo, 25 de mayo de 2008

¿Qué no arreglará la paella de mi madre?



El caparazón del caracol aterrizará en breve en la ciudad de Johannesburgo, región de Gauteng, Suráfrica. Rogamos se abrochen los cinturones.

Hola, caracoles (¿caracoles? En fin…), soy Saudade. La semana pasada acompañé a Nata, a Amelia y al grupo System Ali a Nápoles y este fin de semana me han dejado acompañarles a Suráfrica.

Nata me ha pedido que escriba una breve crónica sobre el viaje y apague la alarma sobre lo sucedido. Ya está fuera de peligro, probablemente esta tarde le darán el alta y mañana mismo volverá al blog, pasado a más tardar.

También me ha dicho que no hace falta que escriba sobre la paella de Amelia en sí, dice que ya estaréis hartos de tantas alabanzas y que, al fin y al cabo, no estamos aquí para comentar las delicias de esa santa mujer sino para caracolear. Un comentario general, Saudade, para transmitir lo más relevante, me dijo Nata. Pues ahí va:

Llegamos a la plaza Mayor de Johannesburgo y mientras ellas se ponían manos a la obra con la paella yo me puse a tocar la guitarra para que el personal se fuese acercando. Amelia comentaba felizmente que en el corrillo había mozambiqueños, zimbaues, surafricanos negros y surafricanos de primera y yo le respondía con una sonrisilla nerviosa sin entender muy bien a qué se refería. Según pasaban las horas, y los acontecimientos, fui conociendo el conflicto:

La ola xenófoba que arrasa Suráfrica a base de ataques más que violentos ha provocado una tensión insostenible entre los ciudadanos. Como dijo Amelia, allí convive (bueno, allí habita) gente de Suráfrica, Mozambique y Zimbaue y los primeros quieren que los otros dos salgan inmediatamente del que consideran su territorio supongo que por motivos económicos o historias de ésas. El caso es que, mientras andábamos en esta guisa, la de la paella, allí todo el mundo bailaba y comía como si nada hubiese pasado. (¿De verdad no puedo hablar de las bondades de esa paella?).

Todo iba bien de maravilla hasta que Nata se alejó de la plaza Mayor para hacer sus necesidades. Nosotros pensábamos que todo Johannesburgo estaba allí congregado pero parece ser que hubo gente que no oyó el sonido de mi guitarra ni olió el arroz. Parece ser, no, fue que un grupo de personas seguía en sus roles mientras nosotros estábamos de parranda. Según me contó Nata, llegó a una calle aparentemente tranquila y solitaria y, cuando se dispuso a bajarse los pantalones para acabar con el proceso de digestión de la paella, vio cómo unos huían o se escondían y otros disparaban, pegaban o, simple y llanamente, aterrorizaban con su sola presencia.

Sobre lo acontecido después, hemos llegado a la conclusión de que tanto unos como otros pensaron que Nata era del bando contrario; por eso, cuando salió de detrás del contenedor que ocultaba sus excrementos, unos zimbaues empezaron a correr mientras un mozambiqueño, solidarizado con el otro pueblo atacado, le tiró una piedra en la espalda sin que ella pudiese verlo hasta que cayó al suelo.

Al cabo de unos segundos, Nata se levantó, no sin antes escurrirse un par de veces en el charco de barro en el que había caído. Acelerada y desconcertadamente se dirigió a la plaza Mayor con tal mala suerte que se topó con dos policías que tampoco se habían enterado de lo de la paella y le propinaron una brutal paliza de la que, como digo, se recupera favorablemente.

Nunca olvidaré la imagen de una Nata sangrando mientras yo ensayaba la versión flamenca de “Imagine” para tocársela a su regreso y Amelia repartía la segunda ronda de arroz.

Y poco más, amigos. Como les digo, lo más probable es que esta misma noche Nata vea Aída en casa.

Un saludo, Saudade.

2 comentarios:

mayte dijo...

como siempre me has animado un poco el día...;P así que yo te regalo un buen deseo: que se te cure el dolor de las pedradas xenófobas...(igual no he entendido bien el texto porque, hija, estás de un irónico que no veas...8))

te quería dejar este comentario en tu entrada sobre las "necesidades extrañas", pero como soy alérgica a internet me ha entrado la tos y con el estornudo se me ha borrado todo...
me ha aliviado saber que no somos audrey y yo las únicas que sentimos ese tipo de impulsos...;P ella lo llama "tener un día rojo", tú hablas de "necesidades extrañas" y yo, de "vomitarme"...
y a veces "vomitarse" es díficil porque el miedo te crea un tapón en la garganta pero cuando lo consigues sólo sirve para volver a encontrarse...para muestra: una nata...
creo que actualizaré fotolog (no sé si lo conoces...www.fotolog.com/exnoviadbukowski)con una recomendación peliculera...pero te adelanto la primicia... "la vida es silbar", fernando perez...si no la has visto ya, no tardes en alquilarla, creo que te va a gustar tanto como a mí...
Me cuesta tanto como a Elpidio decirlo pero "nadie es perfecto" (gritado con megáfono)...y ahora añado "todos tenemos necesidades extrañas"..:9

1besaco.

nata dijo...

Madre mía, madre mía... ¡gracias por recordame "La vida es silbar"! La vi hace un par de años y, sobre todas las cosas, recuerdo el regustillo que me quedó después de verla.

Jo, vomitarse..

Un abrazo anorme, caracol. Y gracias, claro :)