viernes, 16 de mayo de 2008

Uf, no se me ocurre ningún título medianamente ingenioso...

Quien me conoce sabe que no soy muy amiga de la informática (bueno, habría que decir que es ella quien no quiere buenas cuentas conmigo, ¡con la de horas que invierto yo en nuestra relación!), por eso no quiero pensar cómo se le va a poner el cuerpo a alguno cuando le diga que si alguna vez tiene problemas con el adsl de telefónica puede que tenga que lidiárselas conmigo al otro lado de la atención al cliente.
Dicho esto sólo puedo recomendar el que fue mi vade mecum cuando, hace años, intenté poner fin a mis limitaciones para vivir en sociedad: Manual para no perder los nervios cuando topas con un incompetente y pedir disculpas por anticipado con una estúpida excusa: no se enfaden conmigo, sólo soy una más.

Incompetencias aparte, aprovecho el filón para contarles que, si bien las llamadas de Telefónica no me laten demasiado, la recepción del Teléfono de la Esperanza de la reina Sofía está siendo mucho más que grata. No crean que me he dejado la humildad en Socuéllamos y vengo a venderles la moto de que le estoy arreglando la vida a todo aquel que llama, nada más lejos de mi intención colgarme esos galones. Lo que me agrada es confirmar que, en según qué casos, es suficiente tener y prestar dos orejas para sentir que este absurdo que a veces llega a ser la existencia merece la pena.

Es increíble cómo la gente se enreda y se desenreda sus problemas, vomita o saca fuerzas de donde parecía no haberlas a la voz de “tranquilo, cuéntame”. Después, apenas hay que decir un par de veces “muy bien” o “le puede pasar a cualquiera, somos humanos” y seguir escuchando atentamente. Seguir escuchando hasta ponerse en el pellejo de la otra persona con el fin de transmitirle a esa otra persona que este absurdo que a veces llega a ser la existencia merece la pena aunque, por supuesto, hay que echarle huevos al asunto. Todavía no he conocido personalmente a la reina Sofía pero, cuando lo haga, no dudaré en comunicarle que crear el Teléfono de la Esperanza ha sido una gran idea.

No obstante, no crean que todo el monte es orégano pues es inevitable que los dos sujetos que se encuentran a sendos lados del teléfono se planteen en algún momento de la conversación o, peor, al finalizar ésta, que ha habido dinero de por medio. Uno paga por hablar y otro cobra por escuchar, qué feo está esto, ¿cierto?

A las operadoras que doblamos la voz de la reina Sofía en el Teléfono de la Esperanza de la reina Sofía nos está terminantemente prohibido estrechar lazos con el cliente pero mis compañeras me han explicado el mecanismo para borrar partes de la llamada antes de que sea enviada a los superiores que supervisan nuestro trabajo. Yo tomé nota de ello por tomarla en tanto que no pensé que fuese a utilizar esta estrategia demasiado ya que podría perjudicar mi recientemente equilibrada salud mental pero, ¡ingenua de mí!, en la tercera llamada ya estaba comentando el Celebreties de Manu Chao en Muchachada nui con una de los clientes.

No es que no quiera contarles el problema de mi tercer cliente, es que ni me acuerdo (espero que ella tampoco) porque acabamos hablando de tantas cosas que soy incapaz de recordar por dónde empezaron los tiros. La gente acaba dándose cuenta de que no somos la reina Sofía y, de esta manera, en la sexta llamada o así, quien les escribe ya estaba hablando de caracoles.

Eso sí, lo que jamás hubiese esperado era abrir mi cuenta de gmail y encontrarme con unos cuantos mensajes de clientes que no han leído ni una sola línea de este blog pero han accedido a mi dirección de correo pensando que se trataba del E-mail de la Esperanza o algo así.

Estoy tan desconcertada, caracoles. No sé qué hacer con estos e-mails, ¿ustedes qué dicen? Bueno, lo decidiré después de comer un buen plato de paella de mi madre este fin de semana que, como ya dije, es más que recomendable a la hora de tomar decisiones.

8 comentarios:

mayte dijo...

Pues tu entrada sin ningún título ingenioso me viene de perlas porque para el curso próximo, vista la imposible posibilidad del traslado de un dudoso expediente académico, estoy pensando emigrar a toledo (único lugar en el que podría cursar las 4 asignaturas de primer ciclo que me quedan sin problemas)... y, claro, con sólo cuatro asignaturas tendré que trabajar...y sólo se me ocurren tres opciones: camarera del rey Juan Carlos, educadora de la dichosa infantita Leonor o plagiarte a tí y tratar de ser fiel imitadora de Sofía, que me han dicho que últimamente es un negocio en auge. Ya me contarás esta noche cómo impostas la voz y demás...Un besaco.

Manuuuuu chauuuu dijo...

"-Son mu bonicos... pero mu tontiiicos también"

nata dijo...

Como camarera del rey Juan Carlos tendrás que currar un montón, como educadora de la infantita, no sé yo, esa gente ya nace preparada para la vida. God save the queen!!

Aunque aún soy una novata en esto, te recomiendo el teléfono de la esperanza de Sofía. ¡Ve modulando tu voz, Mayte!

nata dijo...

Como camarera del rey Juan Carlos tendrás que currar un montón, como educadora de la infantita, no sé yo, esa gente ya nace preparada para la vida. God save the queen!!

Aunque aún soy una novata en esto, te recomiendo el teléfono de la esperanza de Sofía. ¡Ve modulando tu voz, Mayte!

Anónimo dijo...

Me he quedado perpleja al leer este blog. Lo confieso. Una vida muy ajetreada y con sucesos un tanto surrealistas o poco normales seg�n lo que la sociedad establece como normal; Me recuerdas a m� hace 4-5 a�os, y por eso me he inmerso en tus lecturas casi sin darme cuenta.
Sigue disfrutando de la vida as� y enhorabuena porque la redacci�n es pr�cticamente impecable sobretodo en la forma. Por cierto, el contenido, es todo real o mezcla parte de realidad con ficci�n???
Enhorabuena de nuevo y desde ahora te intentaremos seguir.

Anónimo dijo...

Me gustaría inmersiorarme (¡!) también en tus lecturas, Nata ¿Qué lees?
Da recuerdos a Sofi y a Hassan.

nata dijo...

Uy,me he puesto colorá. Éste es de los primeros anónimos anónimos que recibe el blog y me debato entre la sonrisilla que me han sacado los comentarios y la curiosidad...madre mía, quién será? Quién será?

Y eso, muchas gracias, caracol. ¡Bienvenida al mundo de los caracoles!

PD: En cuanto a lo de la lecturas, no sabría decirte, soy muy dispersa. Ahora estoy inmersa en Paul Auster y su "Brooklyn Follies" y en las memorias de Santa Teresa de Jesús (de todo se aprende).

Todo es real, nada de ficción ;)

Saludos!

Anónimo dijo...

Los caracole son unos fistros muy grande. Saludos a D, guapa.