lunes, 12 de mayo de 2008

¿Qué no arreglará la paella de mi madre?




Este fin de semana no ha habido paella para nadie. Nos pudo la crisis, caracoles.

Barajamos varias opciones: paella para despistar al ejército que domina Birmania mientras los cargamentos de ayuda humanitaria pasan a hurtadillas; paella para apagar la llama olímpica a base de lanza-granos de arroz; paella para Ibarretxe, Zapatero, mi madre y yo con entrantes de constitución española aderezados con planes de pacificación y, de postre, documento de word en blanco y un secretario escribiendo una nueva propuesta. Después de un plato de paella de mi madre, sólo se pueden tomar buenas decisiones, doy fe de ello…. Pues eso, muchas opciones que acabaron en nada cuando caímos en la cuenta de que “oh my God, estamos en plena crisis”.

Hago un breve ex curso para poner en situación a todo aquél que aún no se haya enterado de que la economía mundial atraviesa una galopante crisis económica que sólo dios sabe cómo acabará (hacer uso del lenguaje apropiadamente me incita a escribir “dios” con mayúscula pero, por suerte, estoy aprendiendo a escapar de determinadas tentaciones). Principalmente, esta crisis tuvo su origen en la especulación del terreno y en las astronómicas hipotecas a las que el personal decidió apuntarse dejando a un lado cualquier atisbo de sensatez. Se prevé poco menos que estado de indigencia para peces gordos, constructores y promotores inmobiliarios (sí, sí, eso dicen), jardineros, dependientes, repartidores de publicidad y un sinfín de trabajadores, caracoles incluidos, por supuesto.

Cuando la UCLM decidió regalarme la friolera de 1250 euros, convine destinar ese dinero única y exclusivamente a hacer paellas por el mundo en compañía de mi madre y vivir el día a día como si ese ingreso nunca hubiese existido, así que estoy como ustedes: en plena crisis. ¿A esto se referían los primeros cuentistas que hablaron del Apocalipsis?

El caso es que la gente cambia fines de semana en casas rurales por comiditas en casa de los suegros, las pipas en el parque sustituyen las cervezas de después del trabajo y la ropa se vuelve reversible para ahorrar en lavadoras y Pull &Bear. Ay, la calidad de vida mundial ha disminuido vertiginosamente de un tiempo a esa parte, sin excepción alguna que valga. Eso me decía Batula el otro día por teléfono. La directora de una de las escuelas que se encuentran en el campamento de refugiados saharauis se pregunta con miedo qué será ahora de ellos con tanta crisis.

¿No creen que bastante tenemos con el miedo que da miedo del miedo que da que nosotros mismos nos metemos en el cuerpo como para que, encima, vengan cuatro malnacidos con los bolsillos llenos a decirnos que la economía mundial está malita?

Mi madre y yo hemos reflexionado sobre la no paella de este fin de semana y ambas coincidimos en que es la última vez que nos achicamos porque los de ahí arriba nos digan que hay que apretarse el cinturón, ¡serán cínicos! Señores, aquí abajo no hemos hecho otra cosa desde que llegamos a este mundo.

3 comentarios:

Louis Prima (con su amigo Paco al lado) dijo...

¿La paella de la foto es la de verdad? La de tu madre, digo.
A mí el miedo no me da miedo, lo que me da miedo es lo deprisa que va.

Montse dijo...

A ver si es verdad que los especuladores sin escrúpulos acaban en la ruina. No estaría nada mal, ya está bien de especular con un bien básico como es la vivienda.

Y ahora dice el gobierno (regional y nacional) que va a hacer algo para que dicha crisis no sea tan grande, ¡menos mal que se dicen de izquierdas que si no....! ¿Acaso cuando se llenaban los bolsillos a manos llenas hicieron de eso una cuestión pública? Pues ahora que hagan lo mismo con sus crisis y sus pérdidas. Que empiecen por vender sus todoterrenos supercontaminantes y que agachen el lomo de una vez.

Saludos, Montse

nata dijo...

¡Anda! Pues claro que es de verdad la foto...