lunes, 4 de agosto de 2008

La paella de mi madre

Pues ya hemos casado a mi hermana, caracoles. He de contarles que la paella de este fin de semana ha sido realmente especial. Allá donde lo coma, el arroz de mi madre siempre me deja un sabor de esperanza y humanidad en la boca. Lo hizo en Irak, en el Sáhara, Palestina, en Suráfrica, Estados Unidos, Colombia, Austria, Socuéllamos... No obstante, he de confesarles que, esta vez, la paella de mi madre ha tocado fondo.

Y, aunque tengo todo el día dos de agosto archivado segundo a segundo en mi memoria, no podría contarles, siquiera resumirles, cómo transcurrió el día que mi hermana dejó el domicilio familiar para comenzar una nueva vida junto a Antonio, su amante.

Lo único que puedo expresar con palabras es mi cambio de opinión acerca de este tipo de eventos. Y es que la boda de mi hermana no fue nada artificiosa, sí tuvo algo de protocolaria: ceremonia, convite y “que se besen los novios” pero fue tan sincera al mismo tiempo, caracoles... Yo no sé… En todo momento latía el motivo de aquella reunión.

Y es que el sí quiero de Antonio y Ana estuvo presente durante el chocolate con churros de la mañana, la paella de mi madre del mediodía, las idas y venidas de mis sobrinas, las palabras de la concejala que los casó, los abrazos, el aperitivo, la entrada al comedor, el exceso de comida, la bandeja con la liga troceada, las palabras al oído, el constante “estás preciosa, Ana”, las miraditas de los novios, el baile en la piscina y la monumental borrachera.

Como les digo, yo, personalmente, no dejé de sentir ni un solo momento que todo lo que estaba sucediendo ese sábado dos de agosto giraba en torno al enlace entre mi hermana y ese otro del que está profundamente enamorada. Así que ahora me retracto y digo que, bien llevadas, las bodas tienen su encanto. Quiero decir que, cuando el punto de partida de un evento de esta naturaleza es compartir con la gente que es tu gente y con algunos de esos otros que no pintan mucho pero tampoco hacen mal a nadie, una boda es algo realmente bonito.

Y poco más, caracoles. Disculpen la matraca que les he metido con este tema y mis ausencias. A partir de mañana, volvemos a caracolear.

3 comentarios:

ottoreuss dijo...

la boda fue hiperchula. Y las enormes sonrisas de tu hermanaca, aún más. Y tus palabras fueron de crack!!

voy subiendooo voy bajandooo voy subiendooo voy bajandooo si vives como yo vivo, tú vives vacilandoooo

nata dijo...

Y el pelo de mi madre, intacto!!

gracias, pequeño ot

Anónimo dijo...

conociéndote un poco y sabiendo que las cosas buenas son hereditarias no esperaba menos...;p

un besico
mayte